Museo Laberinto de las Ciencias y las Artes, de San Luis Potosí

Museo Laberinto de las Ciencias y las Artes, de San Luis Potosí


El Museo Laberinto de las Ciencias y las Artes de la ciudad de San Luis Potosí es un espacio único en el país por su original propuesta arquitectónica, de contenidos y forma parte de los museos de divulgación científica más importantes del país.

 

Su directora, María del Refugio González Flores, afirma que el museo se encuentra en la búsqueda constante del mejoramiento de las salas, en su actualización y renovación de contenido, ya que anualmente es visitado en promedio por 200 mil personas.

 

Este espacio privilegiado fue visitado la noche del lunes por los participantes de Construyendo el futuro – Encuentros de Ciencia San Luis Potosí 2016, actividad organizada por la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), al que asisten 15 Premios Nacionales de Ciencias y Artes y más de 30 jóvenes científicos que han obtenido alguno de los premios de la AMC como son el Premio de Investigación AMC, las Becas L’Oréal y el Premio Weizmann, así como investigadores del programa Cátedras Conacyt.

 

Laberinto de las Ciencias y las Artes está situado a un costado del Parque Tangamanga, el segundo parque urbano más grande de México después de Chapultepec, precisó González Flores.

 

Divulgando ciencia

Con ocho años de actividades, el museo es único en sus tareas de divulgación de la ciencia, porque si bien es un espacio interactivo, el público meta es de 8 años en adelante, ya que lo que se busca “es detonar el interés y las vocaciones hacia las ciencias para poder desarrollar nuevas generaciones de científicos, de gente dedicada a la tecnología, a la ingeniería y al desarrollo de nuevas tecnologías”, dijo su directora.

 

Laberinto, como se le llama coloquialmente, surgió de la propia comunidad científica nacional, encabezada por el doctor José Luis Morán, actual vicepresidente de la AMC y director del Consejo Potosino de Ciencia y Tecnología, quien en conjunto con un grupo de investigadores del Instituto de Investigación Científica y Tecnológica, generó el proyecto para dotar al estado de un museo de divulgación científica.

 

Una vez que el gobierno del estado aprobó el proyecto, se asignó el diseño del inmueble a los arquitectos Ricardo y Víctor Legorreta y los contenidos de las salas fueron comisionados a un comité integrado por científicos de diversos ámbitos, al cual se sumó un comité científico de la Universidad Nacional Autónoma de México, todos expertos en su área y en la divulgación de la misma.

 

La sala que más refleja a estos comités, destacó, es la que se denomina “Hacia lo imperceptible”. En este espacio se presentan temas de nanociencia y nanotecnología, lo que le da al museo una particularidad internacional porque abordan estas áreas de forma permanente con recursos extraordinarios, “es un laboratorio de microscópica que cuenta con un microscopio electrónico de barrido, cuya función primordial es explicar al público lo que es una micra y una nanoestructura”.

 

Además, este laboratorio da apoyo a la docencia tanto para estudiantes de posgrado que llevan a cabo su tesis, como para maestros, porque tiene pantallas que permiten dar una clase o cátedra en el entorno del laboratorio. Permite incluso, apoyar a la industria, “muy a menudo el sector automotriz acude a Laberinto para hacer pruebas, es decir, esta sala cumple varias funciones para diferentes sectores de la sociedad”.

 

El museo cuenta también con un laboratorio astronómico que opera todos los días del año, está abierto para hacer observación solar y en ciertas fechas del año lo hacen en horarios nocturnos. “Por eso decimos que se trata de un museo muy vivo, que al ser un espacio de ciencias y artes tenemos un programa diverso; a través de actividades de promoción cultural divulgamos la ciencia, entonces vamos incorporando elementos lúdicos, artísticos, para promover contenidos científicos lo cual permite que el museo sea el más visitado de San Luis Potosí”.

 

Arquitectura integral

El edificio del Museo Laberinto está cimentado en un monolito, lo que implicó un arduo trabajo de las personas que tuvieron bajo su responsabilidad la obra pública, porque al colindar con el parque Tangamanga, grupos de ecologistas solicitaron que no se utilizara pólvora, por lo que se tuvo que recurrir a sustancias químicas para lograr cortar el monolito y cimentar la construcción.

 

González Flores agregó que se ocuparon dos tipos de cantera para el recubrimiento de las paredes y los pisos, pero también se utilizó ónix, todos materiales de la región. Además, la flora que hay en el museo es traída del interior del estado, como por ejemplo el árbol liquidámbar, pero también se pueden encontrar nogales, órganos, un jardín de cactáceas, etcétera.

 

“Lo que buscó el arquitecto Ricardo Legorreta fue insertar el edificio en todo su entorno de una forma lo más amigable posible, si bien se trata de una construcción contemporánea y moderna, integró el edificio pensando en una gran hacienda del altiplano potosino con su patio central y en un solo plano, por eso a lo largo del recorrido uno se puede encontrar una gran cantidad de aspectos que nos hablan de la incorporación de una edificación con su entorno desde el punto de vista de la biodiversidad”, destacó.

 

Laberinto cuenta con cinco salas permanentes, con renovaciones constantes, siempre respetando el guion museográfico y sin perder de vista los hilos conductores establecidos por la comunidad científica. Pero también se presentan exposiciones temporales como la de Nikola Tesla, que abrió el pasado 21 de octubre y concluirá el 20 de febrero de 2017.

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