Xalapa, Ver.- Cómo hacerle entender a un niño el funcionamiento de un robot, planteó la maestra en ciencias Angélica García Vega al iniciar una serie de cursos de robótica para niños a escuelas rurales.

La respuesta fue diciéndoles que el cuerpo también funciona como una máquina.

Llevar la tecnología a los niños es importante para despertar su curiosidad, para maravillarlos ante un nuevo entendimiento. En esta área la maestra Angélica García Vega, de la Maestría de Inteligencia Artificial, tiene una experiencia de más de 10 años.

“Empecé los cursos en una primaria rural de Zoncuantla, a la salida de Xalapa, que forma parte del municipio de Coatepec. Llegué por invitación de una maestra. Luego los di en las instalaciones de la Maestría de Inteligencia Artificial, de forma intermitente”, cuenta.

“La intención era que los niños armaran cosas y que vieran algunos conceptos básicos de la física. Una de las cosas que me interesó mucho de esa escuela rural es que eran familias de migrantes, se quedaban los niños y lo padres se iban, no era algo muy estable”.

Por iniciativa de la directora de esa escuela y un grupo de maestras, García Vega impartía este curso, que es necesario decirlo, era idea de unos cuantos. Desgraciadamente la persona con la que trabajaba la maestra Angélica se fue del plantel de Zoncuantla y ya no pudo continuar con el proyecto en ese lugar, lo que ya tiene cinco años.

Sin embargo, ha estado dando cursos por otros lados, incluido el edificio de la Maestría en Inteligencia Artificial, para niños de Tinaja, por ejemplo, con la misma intención, pero ahora complementando la información con artes y caminatas por la naturaleza para abordar el tema de la física y robótica.

“Eso no lo he reportado, lo hago sin reporte”, dice García Vega.  

En los últimos cursos que impartió llevó a los niños a la Maestría.

Cuenta que lo que más les llamó la atención de esos niños fue que los robots les parecían juguetes y que en ese curso se le ocurrió poner a competir a los niños del campo con alumnos de escuelas urbanas y otros adultos.

“Fue muy interesante observar que ellos, los niños del campo, tenían más precisión y otro tipo de conocimientos más desarrollados, porque de alguna forma hay ciertas habilidades que perdemos (quienes vivimos en las ciudades). Otra cosa que vi es que los niños ganaron en confianza en sí mismos y eso les ayudó a mejorar sus calificaciones en la escuela, se convirtieron en mejores alumnos”.

Lo que se les enseña a los niños en este tipo de cursos son los fundamentos de la robótica, y conceptos de física: ¿qué es el movimiento, cómo se trasmite y qué pasa?.

También la descripción de sensores y una breve introducción a la computación: “y bueno, me preocupaba que aprendieran y se familiarizaran con las herramientas, a veces somos tan inútiles con la tecnología que no sabemos usar un multímetro, que permite medir magnitudes eléctricas, y que los venden a 70 pesos. Mi idea era que ellos supieran usarlos y con imaginación pudieran ver otro mundo y darle otros usos”.

Angélica García Vega recuerda que ya hace más de 10 años, para iniciar este proyecto personal, compró muchos legos para enseñar robótica a los niños de primara, de cuarto a sexto grado y algunos de secundaria. No lo dice abiertamente, pero ésta fue una iniciativa propia, así como los cursos, que venían más de sus ganas de abrir el panorama de los niños que de realizar una labor didáctica.

“Es muy interesante ver la reacción de los niños ante los robots, cómo se ven atraídos, no les tienen miedo; los adultos les dan la vuelta, les tienen un poco de miedo, pero los niños pequeños están más abiertos a aprender y les da mucha curiosidad saber cómo funcionan. Yo les digo que miren su cuerpo, que vean sus manos, que piensen en el cuerpo como una máquina, y así, poco a poco les hacía entender lo que era una robot”.

La maestra Angélica García Vega fue reconocida en el programa de Mujeres de Ideas Largas. Su homenaje se realizará en la Maestría el próximo 21 de junio. Ante este reconocimiento ella dice que al principio creyó que era algo electorero, que no lo creyó, que hasta se le había olvidado.

La larga labor de la maestra con los niños, como investigadora y docente, le ha valido dicha distinción y la apertura de un espacio para que otras personas impartieran otro tipo de talleres o cursos en Xalapa. No dice mucho, pero se nota el merecido homenaje: en su comentarios y proyectos se ve su gran interés por vincular la robótica con las artes, con la enseñanza, con la ética, siempre hacia adelante en la búsqueda de nuevas tecnologías. 

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