Médula espinal, columna vertebral

Médula espinal, columna vertebral


José Luis Quintanar Stephano, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA), determinó —mediante experimentación clínica— que el acetato de leuprolida es un neurorregenerador, que permite recuperar parcialmente el movimiento y la sensibilidad en pacientes con lesiones de médula espinal.

800x300 Med Osea 1610Fotografía: Wikipedia.

Un grupo de 45 pacientes que han recibido cada mes la aplicación de una inyección de acetato de leuprolida han experimentado mejorías en los movimientos corporales, control de esfínteres urinarios y recuperación parcial de la sensibilidad en sus extremidades.

José Luis Quintanar Stephano.

José Luis Quintanar Stephano.

Asimismo, los resultados de la investigación —con 15 años en proceso— establecieron que el porcentaje de recuperación es variable, toda vez que depende de factores como la magnitud, el nivel y tiempo de la lesión que presentan las personas tratadas. Se estima en promedio un porcentaje de regeneración de 40 por ciento y sus efectos son permanentes.

“El proyecto en general es neurorregeneración, o sea, regeneración del sistema nervioso. Sabemos que el sistema nervioso no se reproduce así como tal; sin embargo, sí se puede regenerar: regenerar la propia neurona, el propio tejido nervioso. No que se regenere apareciendo nuevas neuronas, sino que la célula, si está en cierto nivel alterada, lesionada o dañada, puede todavía volverse a componer y, por lo tanto, también realizar su función, que es lo importante”, explicó Quintanar Stephano en entrevista para la Agencia Informativa Conacyt.

El investigador ya ha solicitado el registro de patente de segundo uso para el acetato de leuprolida, para su aplicación como neurorregenerador en pacientes con lesión medular, ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI).

Un golpe de suerte

Quintanar Stephano explicó que mientras trabajaba junto con su equipo de investigadores en un cultivo de neuronas, de manera fortuita, notaron que la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH) inducía el crecimiento en las células nerviosas.

“Entonces estábamos probando unas sustancias que ya existían en el mercado o que ya estaba demostrado que producían el crecimiento, de manera que necesitábamos un control negativo, un control donde no se manifestara este efecto, y en ese ensayo encontramos justamente lo contrario, que crecía de una manera desmedida, y eso obviamente nos llamó la atención”.

José Luis Quintanar subrayó que a partir de ello se realizaron numerosos estudios con cultivos de neuronas con la finalidad de evaluar diferentes variables, como proteínas, puntos de contacto y proyecciones; entonces, una vez que concluyeron con el stock de ideas más básicas y tras haber obtenido resultados positivos, fue que se decidió comenzar a experimentar con modelos animales.

“Buscamos un reto donde la parte neurológica estuviera comprometida, donde se vea que está algo de lesión, y uno de ellos fue la lesión medular, entonces tomamos ratitas a las cuales se les introduce un globito en la médula espinal, este se infla y les genera una lesión, entonces se desinfla y se saca y ya al momento de quitarlo la ratita ya prácticamente no puede caminar, las patitas posteriores y la cola ya no las puede mover. Comenzamos a darles el tratamiento con esta sustancia (GnRH), entonces cuando empezamos a tratar encontramos que el fenómeno era notabilísimo, la ratita se recuperaba de manera muy importante, a nivel tanto de la locomoción, como hay una consecuencia también de la lesión que es la vejiga urinaria, se pierde el control de esfínteres y la ratita se orina continuamente”, explicó.

De bajo costo

El miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) mencionó que se enfrentaban a un problema, pues la sustancia que estaban utilizando era muy cara, toda vez que se debía importar, lo que dificultaba su aplicación y experimentación, por lo cual él y su equipo se dieron a la tarea de buscar un compuesto análogo sintético que tuviese más potencia y fuese más eficiente en tiempo, que no se degradara tan rápido y además se pudiera administrar de una manera sistémica. Derivado de la búsqueda encontraron el análogo sintético, lo probaron y vieron que tenían una recuperación incluso más importante que cuando utilizaban el GnRH.

“Qué pasó entonces, pues dijimos ya tenemos aquí una sustancia que lo tiene, que es mucho más fuerte y funciona, entonces nos fuimos a la búsqueda de datos de información por vía Internet y metimos la molécula que estábamos trabajando, a ver si había un compuesto comercial que se estuviese manejando, y afortunadamente encontramos que existía en el mercado el acetato de leuprolida, el cual lo tenía, claro, no con la misma finalidad que estábamos trabajando nosotros, porque era una aportación distinta”, dijo.

Apuntó que comenzaron a probar este medicamento en las ratas que estaban paralíticas, y los resultados también fueron notables, por lo cual, si el medicamento ya existía en el mercado, contaban con investigación básica y una amplia experiencia de laboratorio que derivaron en un modelo de trabajo. Los efectos secundarios eran muy pocos y el tratamiento era sencillo de aplicar, pues es a través de inyecciones, se decidió plantear el suministro de dicho fármaco en humanos, para lo cual se sometió al consejo de bioética, el cual brindó su autorización.

“Hay cientos de personas con lesión medular, entonces fue sencillo llegar a ellos, y empezamos a trabajar con pacientes de ciertas características: tenían de uno a cinco años de haber sufrido lesiones. Se empezó el tratamiento y para nuestra suerte o fortuna nos encontramos con que había una mejora bastante significativa, dependiendo del tipo de la lesión, la zona de la lesión, era más o menos la mejora, pero siempre era positiva (…) Tenían niveles muy cercanos a la marcha, empezaban a caminar, gente que no controlaba su vejiga urinaria empezaba a controlarla, niños que tenían una imposibilidad prácticamente total volvían a mover las piernitas”, concluyó el profesor investigador de la UAA.

Por su parte, María del Rosario Campos, profesora investigadora de la UAA, señaló: “Participé en un proyecto donde realizamos cultivo de neuronas de médula espinal, relacionadas con enfermedades de la médula espinal, como es la esclerosis múltiple o lesión medular. Entonces, ahí lo que vimos fue que si cuantificamos una proteína que está envolviendo los axones y que es la que se encarga de transmitir los impulsos eléctricos, sí se modificaba al estimularlo con la hormona GnRH, y sí, efectivamente, esta proteína se llama proteína básica de la mielina y se modificaban las neuronas de la médula espinal a las cuales se les colocaba esta hormona, pues incrementaban la cantidad de proteína básica”.

Lesiones incapacitantes

En México, 5.13 por ciento de la población tiene algún tipo de incapacidad o limitación, del total de las personas que presentan estas condiciones 16.32 por ciento es de nacimiento, 39.42 por ciento a causa de una enfermedad, 14.99 por ciento por accidente, 23.14 por ciento por edad avanzada y el resto por otras causas.

Fuente: Censo de Población y Vivienda del Inegi.

José Luis Quintanar Stephano

Es doctor en neurociencias y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) nivel II,
sus líneas de investigación son la plasticidad neuronal, factores neurotróficos e interacción
entre el sistema nervioso-inmune-endocrino.

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