Zygmunt Bauman

Zygmunt Bauman


El padre de la “modernidad líquida”, el sociólogo polaco de origen judío Zygmunt Bauman, nació en Poznan, Polonia, el 19 de noviembre de 1925. Fue un sociólogo de referencia por haber acuñado los conceptos de modernidad líquida, sociedad líquida o amor líquido, para definir el actual momento de la historia en el que las realidades sólidas de nuestros abuelos, como el trabajo y el matrimonio para toda la vida, se han desvanecido, y dieron paso a un mundo más precario, provisional, ansioso de novedades y, con frecuencia, agotador.

Por su condición de judíos, aunque no eran practicantes, la familia de Bauman tuvo que huir de Polonia en 1939 por la ocupación nazi y se asentaron en la Unión Soviética. Llevado por esto, durante la Segunda Guerra Mundial, Bauman se enroló en el ejército polaco, controlado por los soviéticos, cumpliendo funciones de instructor político. Participó en las batallas de Kolberg y en algunas operaciones militares en Berlín.

Con diecinueve años se afilió al Partido Comunista, al que estuvo adscrito hasta 1968, y durante tres años sirvió en el llamado “ejército interior”, la fuerza encargada de “reprimir el terrorismo en el interior del país”.

En mayo de 1945 le fue otorgada la Cruz Militar al Valor. De 1945 a 1953 desempeñó funciones similares combatiendo a los insurgentes nacionalistas de Ucrania, y como colaborador para la inteligencia militar.

Durante sus años de servicio militar comenzó a estudiar Sociología en la Universidad de Varsovia, carrera que hubo de cambiar por la de Filosofía, debido a que los estudios de sociología fueron suprimidos por “burgueses”. En 1953, habiendo llegado al grado militar de mayor, fue expulsado del cuerpo militar con deshonor, a causa de que su padre se había presentado en la embajada de Israel para pedir visa de emigrante.

En 1954 finalizó la carrera e ingresó como profesor en la Universidad de Varsovia, en la que permanecería hasta 1968. En una estancia de estudios en la prestigiosa London School of Economics, preparó un relevante estudio sobre el movimiento socialista inglés que fue publicado en Polonia en 1959, y luego apareció editado en inglés en 1972. Desde éste, su primer trabajo de amplia difusión, los movimientos sociales y sus conflictos mantuvieron su interés, si bien su abanico de intereses fue mucho más amplio.

Fiel en sus inicios a la doctrina marxista, con el tiempo fue modificando su pensamiento, cada vez más crítico con el proceder del gobierno polaco.

Por esto mismo se le vedó el acceso a una plaza regular de profesor, y cuando su mentor Julian Hochfeld fue nombrado por la UNESCO en París, Bauman se hizo cargo de su puesto sin reconocimiento oficial en la Universidad de Varsovia. Durante 15 años sufrió la persecución de los servicios secretos polacos y debido a fuertes presiones políticas en aumento, Bauman renunció en enero de 1968 al Partido Comunista, y en marzo de ese año por una purga antisemita en 1968, tanto él como su esposa, Janina, perdieron su trabajo en Polonia; fue expulsado de la universidad y sometido a la prohibición de publicar.

Sin trabajo, Batman you esposa  se vieron obligados a exiliarse en Israel, donde comenzó a impartir clases en la Universidad de Tel Aviv.

Zygmunt Bauman, el padre de la modernidad líquida, la realidad cambiante de nuestros tiemposAún así, muy influido por Gramsci, nunca llegó a renegar completamente de los postulados de Marx. Sus obras de finales de los 80 y principios de los 90 analizan las relaciones entre la modernidad, la burocracia, la racionalidad imperante y la exclusión social. Siguiendo a Sigmund Freud, concibió la modernidad europea como el producto de una transacción entre la cesión de libertades y la comodidad para disfrutar de un nivel de beneficios y de seguridad.

La obra de Bauman comprende cincuenta y siete libros y más de cien ensayos. Entre sus obras desataca también Sociología para la vida cotidiana (1964), que resultó muy popular en Polonia y formaría luego la estructura principal de Pensando sociológicamente (1990); La modernidad líquida (2004), Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos (2005), Europa, una aventura inacabada (2006), Ética posmoderna (2006), Tiempos líquidos (2007), Vida de consumo (2007) o Libertad (2008).

En su último libro, Vivir con el tiempo prestado, que publicó en 2009, analiza el estado actual y los retos a los que se enfrenta un mundo globalizado en el que todo, la naturaleza y el propio ser humano, parece haberse convertido en mercancía y los seres humanos son meros consumidores.

Entre otros reconocimientos Bauman,  recibió el premio Príncipe de Asturias de Comunicación en 2010, y siempre se le catálogo entre los intelectuales “clave para entender el siglo XX”. En 1992 recibió el premio Amalfi de Sociología y Ciencias Sociales, y en 1998 el premio Theodor W. Adorno otorgado por la ciudad de Frankfurt.

Zygmunt Bauman murió el 9 de enero de 2017 en Leeds, Inglaterra. Trabajaba como sociólogo y profesor emérito de Sociología en la Universidad de Leeds (Inglaterra), donde tuvo el cargo de jefe de departamento. A Inglaterra y a la la Universidad de Leeds llegó en 1971, después de ejercer como profesor de Sociología en Estados Unidos y Canadá.

Desde entonces Bauman escribió y publicó solamente en inglés, su tercer idioma, y su reputación en el campo de la sociología creció exponencialmente a medida que iba dando a conocer sus trabajos.

Lo “líquido” que Bauman vio en el mundo

El planteamiento de su visión no fue producto de una inspiración instantánea, si no del estudió durante décadas del holocausto, el socialismo, la globalización y la modernidad.

Sus propuestas lo llevaron a convertirse en un icono pop de la sociología. Le invitaban a debates por todo el mundo, incluso en festivales de música y cultura alternativa dirigidos a los más jóvenes. Y él acudía.

Bauman fijaba arbitrariamente, pero creía que de forma útil, el origen de la modernidad en el terremoto de Lisboa de 1755, al que siguió un incendio que destruyó lo que quedaba y luego un tsunami que se lo llevó todo al mar. “Fue una catástrofe enorme, no sólo material sino también intelectual. La gente pensaba hasta entonces que Dios lo había creado todo, que había creado la naturaleza y había puesto leyes. Pero de repente ve que la naturaleza es ciega, indiferente, hostil a los humanos. No puedes confiar en ella. Hay que poner el mundo bajo la administración humana. Reemplazar lo que hay por lo que puedes diseñar. Así, Rousseau, Voltaire o Holbach vieron que el antiguo régimen no funcionaba y decidieron que había que fundirlo y rehacerlo de nuevo en el molde de la racionalidad. La diferencia con el mundo de hoy es que no lo hacían porque no les gustara lo sólido, sino, al revés, porque creían que el régimen que había no era suficientemente sólido. Querían construir algo resistente para siempre que sustituyera lo oxidado. Era el tiempo de la modernidad sólida. El tiempo de las grandes fábricas empleando a miles de trabajadores en enormes edificios de ladrillo, fortalezas que iban a durar tanto como las catedrales góticas”.

Zygmunt Bauman, el padre de la modernidad líquida, la realidad cambiante de nuestros tiemposLa modernidad se hizo, según el término acuñado con éxito por él, líquida. “Hoy la mayor preocupación de nuestra vida social e individual es cómo prevenir que las cosas se queden fijas, que sean tan sólidas que no puedan cambiar en el futuro. No creemos que haya soluciones definitivas y no sólo eso: no nos gustan. Por ejemplo: la crisis que tienen muchos hombres al cumplir 40 años. Les paraliza el miedo de que las cosas ya no sean como antes. Y lo que más miedo les causa es tener una identidad aferrada a ellos. Un traje que no te puedes quitar. Estamos acostumbrados a un tiempo veloz, seguros de que las cosas no van a durar mucho, de que van a aparecer nuevas oportunidades que van a devaluar las existentes. Y sucede en todos los aspectos de la vida. Con los objetos materiales y con las relaciones con la gente. Y con la propia relación que tenemos con nosotros mismos, cómo nos evaluamos, qué imagen tenemos de nuestra persona, qué ambición permitimos que nos guíe. Todo cambia de un momento a otro, somos conscientes de que somos cambiables y por lo tanto tenemos miedo de fijar nada para siempre. Probablemente su Gobierno, como el del Reino Unido, llama a sus ciudadanos a ser flexibles. ¿Qué significa ser flexible? Significa que no estés comprometido con nada para siempre, sino listo para cambiar la sintonía, la mente, en cualquier momento en el que sea requerido. Esto crea una situación líquida. Como un líquido en un vaso, en el que el más ligero empujón cambia la forma del agua. Y esto está por todas partes”.

Por supuesto, señalaba, esa situación de perpetua inestabilidad tiene efectos sobre la identidad. “Hace no mucho el precariado era la condición de vagabundos, homeless, mendigos. Ahora marca la naturaleza de la vida de gente que hace 50 años estaba bien instalada. Gente de clase media. Menos el 1% que está arriba del todo, nadie puede sentirse hoy seguro. Todos pueden perder los logros conseguidos durante su vida sin previo aviso”.

Por un lado, decía Bauman, está la “devastación emocional y mental de muchos jóvenes que entran ahora al mercado de trabajo y sienten que no son bienvenidos, que no pueden añadir nada al bienestar de la sociedad sino que son una carga”. Por otro, concluía, “la gente que tiene un empleo experimenta la fuerte sensación de que hay altas posibilidades de que también se conviertan en desechos. Y aun conociendo la amenaza son incapaces de prevenirla. Es una combinación de ignorancia e impotencia. No saben qué va a pasar, pero ni sabiéndolo serían capaces de prevenirlo. Ser un sobrante, un desecho, es una condición aún de una minoría, pero impacta no sólo en los empobrecidos sino también en cada vez mayores sectores de las clases medias, que son la base social de nuestras sociedades democráticas modernas. Están atribuladas”.

Y concluía que ante esa circunstancia “hoy hay una enorme cantidad de gente que quiere el cambio, que tiene ideas de cómo hacer el mundo mejor no sólo para ellos sino también para los demás, más hospitalario. Pero en la sociedad contemporánea, en la que somos más libres que nunca antes, a la vez somos también más impotentes que en ningún otro momento de la historia. Todos sentimos la desagradable experiencia de ser incapaces de cambiar nada. Somos un conjunto de individuos con buenas intenciones, pero que entre sus intenciones y diseños y la realidad hay mucha distancia. Todos sufrimos ahora más que en cualquier otro momento la falta absoluta de agentes, de instituciones colectivas capaces de actuar efectivamente”.

En su obra más conocida, Modernidad y holocausto, sostiene que el holocausto no debe ser considerado como un hecho aislado en la historia del pueblo judío, sino que debería verse como precursor de los intentos de la modernidad de generar el orden imperante. La racionalidad como procedimiento, la división del trabajo en tareas más diminutas y especializadas, la tendencia a considerar la obediencia a las reglas como moral e intrínsecamente bueno, tuvieron en el holocausto su grado de incidencia para que éste pudiera llevarse a cabo. Bauman, al igual que el filósofo Giorgio Agamben, afirma que los procesos de exclusión y de descalificación de lo no catalogable y controlable siguen aún vigentes.

Al miedo difuso, impreciso, que no tiene en la realidad un referente determinado, lo denominó “miedo líquido”. Tal miedo es omnipresente en la “modernidad líquida” actual, donde las incertidumbres cruciales subyacen en las motivaciones del consumismo. Las instituciones y organismos sociales no tienen tiempo de solidificarse, no pueden ser fuentes de referencia para las acciones humanas y para planificar a largo plazo. Los individuos se ven por ello llevados a realizar proyectos inmediatos, a corto plazo, dando lugar a episodios donde los conceptos de carrera o de progreso puedan ser adecuadamente aplicados, siempre dispuestos a cambiar de estrategias y a olvidar compromisos y lealtades en pos de oportunidades fugaces.

Zygmunt Bauman, el padre de la modernidad líquida, la realidad cambiante de nuestros tiempos

Los comentarios están cerrados.