Desnutrición y obesidad

Desnutrición y obesidad


Hoy en día cerca de 842 millones de personas en el mundo sufren desnutrición crónica. Los modelos insostenibles de desarrollo están degradando el ambiente natural, amenazando a los ecosistemas y la biodiversidad que serán necesarios para nuestro abastecimiento futuro de alimentos, apunta la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en la conmemoración del Día Mundial de la Alimentación (DMA), éste 16 de octubre.

Ante este panorama uno de cada cuatro niños menores de 5 años sufre retraso del crecimiento y nunca alcanzará su potencial físico y cognitivo completo. Cerca de 2 000 millones de personas carecen de las vitaminas y minerales esenciales para una buena salud. En el Día Mundial de la Alimentación de este año, la FAO promueve el concepto de sistemas alimentarios, e invita a todos –desde consumidores a responsables políticos– a identificar dónde pueden actuar para hacer que esos sistemas sean más saludables, para las personas y para el planeta.

El mayor fracaso que presenta el sistema alimentario del mundo es que, a pesar de contar con abundantes suministros, la salud de más de la mitad de los 7 000 millones de habitantes del planeta se ve afectada por un consumo demasiado bajo o excesivo de alimentos. Hace tres años la amenaza de la hambruna obligó a millones de somalíes a abandonar sus hogares en busca de alimentos, y se calcula que hasta 260 000 personas -muchas de ellas niños-, murieron de hambre. Fue un recordatorio terrible de que el mercado mundial de alimentos funciona bien para los que tienen dinero, pero no responde a las necesidades de los pobres, refiere José Graziano da Silva, director general de la FAO.

En el otro extremo del arco -añade- hay 1 500 millones de personas obesas o con sobrepeso, ya que consumen más alimentos de los que su cuerpo necesita y se exponen a un mayor riesgo de padecer diabetes, problemas cardíacos y otras enfermedades.

“Está claro que el mercado por sí solo no traduce automáticamente la disponibilidad de alimentos en una mejor nutrición, salud, productividad y felicidad. Su fracaso más evidente radica en que los que tienen mayor necesidad de alimentos no pueden -debido a su pobreza- traducir esa necesidad en demanda. Están atrapados en un círculo vicioso del hambre que se perpetúa a sí mismo, ya que no tienen los medios para comprar o producir los alimentos que su familia necesita para llevar una vida saludable. Que el hambre persista en un mundo de abundancia de alimentos es algo realmente escandaloso”, enfatiza.

El sistema alimentario mundial también tiene otro fallo importante: su insostenibilidad.

“Esto tiene implicaciones tanto ambientales como humanas”, remarca.

Día Mundial de la AlimentaciónExplica que gran parte del extraordinario crecimiento de la producción de alimentos ha supuesto una mayor presión sobre los recursos naturales. Ha conducido a suelos degradados, fuentes de agua contaminadas y agotadas, destruido bosques, acabado con los bancos pesqueros, y reducido la biodiversidad, dejando a estos recursos con menor capacidad para satisfacer las necesidades alimentarias de nuestros hijos y las generaciones futuras. Los sistemas agrícolas intensivos -junto con el desperdicio de alimentos a gran escala- se han convertido también en una importante fuente de emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen a impulsar el cambio climático, que a su vez planteará nuevos retos de adaptación para los agricultores. Incluso los consumidores más ricos no están pagando el coste de este daño al capital de la naturaleza, o el de su limpieza.

“Uno hubiera esperado que la creciente demanda de alimentos se hubiese reflejado en una mayor prosperidad de las comunidades agrícolas y pesqueras, que habrían aumentado su producción como respuesta. Paradójicamente, su propio éxito para ampliar la disponibilidad de alimentos, junto con las barreras comerciales y las políticas de subsidios de los países desarrollados y el limitado poder de negociación de los agricultores en relación a las empresas comerciales, las agroindustrias y los minoristas, ha dado lugar a una creciente concentración de la pobreza en las áreas rurales de muchos países en desarrollo. Consecuencia de ello es que el 70 por ciento de las personas que padecen hambre en el mundo viven en zonas rurales y dependen para su sustento principalmente de la producción de alimentos”, observa.

El DMA fue establecido en noviembre de 1979 por los países integrantes de la FAO, por ser este el aniversario de su fundación en 1945.

La FAO explica que un sistema alimentario está formado por el entorno, las personas, las instituciones y los procesos mediante los cuales se producen, elaboran y llevan hasta el consumidor los productos agrícolas.

Todos los aspectos del sistema alimentario influyen en la disponibilidad y accesibilidad final de alimentos variados y nutritivos y, por lo tanto, en la capacidad de los consumidores de elegir dietas saludables. Además, las políticas y las intervenciones relacionadas con los sistemas alimentarios rara vez se diseñan con la nutrición como objetivo principal.

Para hacer frente a la malnutrición son precisas medidas integradas e intervenciones complementarias en la agricultura y el sistema alimentario, en la ordenación de los recursos naturales, en la sanidad pública y la educación, así como en ámbitos de políticas más amplios.

¿Cómo tiene que ser un sistema alimentario sostenible? ¿Es possible llegar hasta él desde la situación actual? ¿Qué debe cambiar para que avancemos en esa dirección? El Día Mundial de la Alimentación  es una oportunidad para plantearse estas y otras preguntas, y ayudar a crear el futuro que queremos.

Los trastornos asociados a la malnutrición se transmiten de padres a hijos- Albert González (Unamid)

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