Experimento con cangrejos. / AGENCIA CYTA-INSITITUTO LELOIR


Por primera vez, un equipo de investigadores argentinos logró describir en artrópodos (grupo de animales que abarca a insectos, arácnidos y crustáceos, entre otros) cómo operan las representaciones neuronales del mapa espacial visual para fijar la posición de objetos puntuales, como predadores, y poder así eludirlos.

El estudio se centró en cangrejos de la especie Neohelice granulata, popularmente conocidos como cangrejos del barro, que habitan en las costas de Argentina y de Brasil y cuyos predadores más comunes son las gaviotas. “Son un excelente modelo para descifrar los principios neurocomputacionales de los que se sirve el cerebro de los animales  para evitar las colisiones”, afirmó a la Agencia CyTA-Leloir el líder del avance, el doctor Daniel Tomsic,  investigador del Departamento de Fisiología Biología Molecular y Celular de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias (Ifibyne), dependiente de la UBA y del Conicet.

“Para evadir la eventual colisión del objeto que se acerca, los cerebros deben transformar la información visual que obtienen de la posición y dinámica de movimiento del objeto en un mapa de control motor”, destacó Tomsic.

Tomsic y su equipo realizaron experimentos con cangrejos expuestos a estímulos visuales que simulan objetos que se aproximan rápidamente. Y pudieron determinar que para mantener su escape en dirección opuesta a la posición del estímulo, el cangrejo ajusta de manera constante la dirección de su carrera con una sensibilidad a cambios en la posición del estímulo de menos de un grado.

“Descubrimos que el ajuste de la dirección en función de la posición del estímulo estaría controlado por un sistema de 16 neuronas que, desde cada hemisferio cerebral, mapean los 360 grados del campo visual que el animal percibe con cada uno de sus ojos”, puntualizó el investigador del Conicet.

Ese grupo de neuronas “contiene también información sobre la velocidad con la que se acerca el estímulo, la que es utilizada para controlar la velocidad de la carrera de escape”, señaló Tomsic.

El estudio, descrito en la revista científica Journal of Neuroscience, también fue realizado por los doctores Violeta Medan, Martín Berón De Astrada y Florencia Scarano, de la UBA y el Ifibyme.

(AGENCIA CYTA-INSTITUTO LELOIR/DICYT)