Virginia Angélica García Vega desde muy joven pensó que su destino sería ser maestra normalista, segura de que su verdadera vocación era formar a futuros profesores. No obstante, jamás imaginó que se convertiría en una científica reconocida a nivel internacional.

“Cuando era niña quería ser maestra normalista (en esa época se podía estudiar al terminar la secundaria), pero de inmediato mis padres me dijeron que estudiaría la preparatoria y al concluirla de nueva cuenta me preguntaron qué quería estudiar; de inmediato respondí que Matemáticas.”

Fue así como entró a la Facultad de la Universidad Veracruzana (UV),  relató durante el homenaje que recibió en las instalaciones de la Maestría de Inteligencia Artificial (MIA), como parte del programa “Mujeres de ideas largas”, organizado por la Secretaría Académica de esta casa de estudios.

La también investigadora y fundadora del citado posgrado, narró que pese a estudiar Matemáticas continuaba con la idea de ser normalista; sin embargo, poco a poco se fue apasionando y cuando se dio cuenta, sus intereses habían tomado otro rumbo.

Entonces decidió estudiar Física, camino que la llevaría años después a especializarse en el campo de la Inteligencia Artificial, gracias a que se topó con dos personas que “torcieron” su camino, “no sé si para bien o para mal”.

García Vega lo contó así: “Trabajaba en el campo de la robótica, entonces esta posibilidad de hacer robots que pudieran responder a las personas y ese gusanillo de saber qué cosa es la inteligencia humana, cómo funcionan las máquinas, es lo que me llevó a especializarme en Inteligencia Artificial”.

Al cuestionarla sobre la dificultad de incursionar en el ámbito de la ciencia –dominado por los varones–, compartió que lo verdaderamente difícil fue lograr que sus colegas reconocieran el esfuerzo que ha puesto en cada uno de sus trabajos.

“El tener el espíritu de que todas las cosas se pueden hacer y lograr, me ha permitido no sentir que los retos e investigaciones sean difíciles de realizar”, destacó.

Manuel Martínez Morales, profesor de la MIA, expresó que la universitaria es un ejemplo a seguir por su inteligencia, constancia, esfuerzo, trabajo, coherencia y compromiso; “es un líder que ha aportado mucho a la Universidad”.

También comentó que son muchas las experiencias formidables que tiene con la investigadora. Una de tantas, dijo, es una ocasión que trasladó a profesores y alumnos en su combi a un congreso nacional de Inteligencia Artificial, “nos llevaba y traía con recursos propios a todos los congresos que había en el país”.

Al tomar la palabra, Sara Ladrón de Guevara, una de las organizadoras del programa “Mujeres de ideas largas” y directora del Museo de Antropología de Xalapa, explicó que los homenajes hechos a estas mujeres son un reconocimiento a su trayectoria y porque abrieron brecha a las futuras generaciones.

“Una vez que nos dieron acceso a la educación superior y nos ganamos el derecho a tomar la palabra, hemos ido demostrando que también podemos desarrollar ideas largas y no solamente dejar crecer los cabellos”, resaltó en alusión a la frase del filosofo Schopenhauer quien afirmó que “las mujeres son objetos de cabellos largo e ideas cortas”, puntualizó.

 

Taller de robótica infantil

En 1985, junto con un grupo de colegas, Virginia García emprendió un negocio dedicado a brindar servicios sobre tecnología informática, que después derivó en ofrecer asesoramiento en computación a niños y jóvenes.

Fue hace 20 años cuando la investigadora apostó por organizar talleres de robótica infantil, dirigidos a escuelas de zonas rurales, pero todo fue gracias a la experiencia tuvo en un curso para adultos.

“De ahí me di cuenta de algo muy fabuloso: que los niños son atraídos por la tecnología y por hacer construcciones, lo que no significa que se dedicarán a esto, pero les servirá porque los forma en su manera de ver su alrededor”, expresó.

Dijo que generalmente los pequeños están deseosos de cursar el taller; sin embargo, en algunas ocasiones son llevados por sus padres porque son ellos quienes realmente quieren tomar el curso; pero hay otro grupo que tiene un gran interés por aprender.

Mencionó que hubo un grupo de niños que la sorprendieron, alumnos de la escuela “Rafael Ramírez” de Zoncuantla, porque se organizaban para venir todos en un mismo autobús y así poder asistir al taller, “llegaban puntuales y a cambio nosotros les permitíamos tener acceso a los robots que usábamos para la investigación”.

Al preguntarle si alguno de estos niños se ha inclinado por la disciplina, compartió que a unos les dio clases en la secundaria, licenciatura y posgrado, e incluso algunos ya dan clases, “cuando veo que son buenos me siento a todo dar, pero cuando son malos me digo ¿yo creé a este monstruo?”.

Por último, señaló que uno de sus sueños es que la Inteligencia Artificial y la robótica sean reconocidas como disciplinas científicas serias, que alcancen el respeto de todos los científicos y de la sociedad en general.

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