Rezago educativo

Rezago educativo


Manuel Martínez Morales

En una exacta
foto del diario
señor ministro
del imposible

vi en pleno gozo
y en plena euforia
y en plena risa
su rostro simple…

Mario Benedetti

Tal vez el señor Secretario de Educación ríe mientras peina su engomada cabellera, pues ni siquiera distingue entre instrucción y educación, entre lo que es convencimiento y represión. Para él todo se ve igual desde sus aposentos palaciegos, su corta visión no alcanza a distinguir la tragedia, el desastre que para el país, para todos los mexicanos, significa que 32 millones de compatriotas, entre los 15 y los 64 años de edad, se encuentren en rezago educativo.

de su ventana/ se ve la playa/ pero se ignoran/ los cantegriles/ tienen sus hijos/ ojos de mando/ pero otros tienen/mirada triste…

Sus neuronas de niño consentido del sistema no le ayudan a comprender la gravedad del asunto, pues esos 32 millones representan el 43 por ciento de la población económicamente activa de la nación. Sólo quien ha visto de cerca el drama  que significa para una persona encontrarse en tal situación puede dimensionar la gravedad del asunto.  El rezago educativo no se reduce solamente a la compilación de cifras estadísticas sino que representa una desventaja, una forma de discriminación, pues significa excluir  del mundo contemporáneo a cada una de estas personas.  Como condenarlas a vivir en otro mundo, en un apartheid, en  otra dimensión que no alcanza a ver el señor Secretario.

seré curioso/ señor ministro/ de qué se ríe/ de qué se ríe…

De las personas en rezago educativo,  5.4 millones son analfabetas, esto es tienen una absoluta carencia educativa. Estos compatriotas no entienden ni saben redactar un simple recado. Otros 10 millones no tienen la primaria terminada, y 16 millones no alcanzaron a terminar la secundaria. De estos dos últimos grupos podría decirse que son analfabetas funcionales pues carecen casi por completo de habilidades para la lectoescritura: no son capaces de entender o redactar un texto. Y en el grupo de privilegiados que termina la educación media superior, el 60 por ciento no sabe leer y escribir correctamente; y una buena parte de éstos accede a la educación superior.

Según el investigador, Manuel Gil Antón,  la educación se ha limitado a enseñar/aprender cómo llenar  bolitas en exámenes de opción múltiple, a lo que se ha reducido el principal objetivo de la educación básica según parece desprenderse de la siempre confusa política educativa y su consecuente “Reforma”.

Habrá que añadir que un millón de alumnos entre los 6 y los 17 años abandona anualmente la escuela -o la escuela los abandona- por diferentes razones, lo que equivale a 5 mil alumnos dejando la escuela por cada día hábil de clases.

Entonces, dice Gil Antón, ir a la escuela y permanecer en ella, aprender o no aprender, es como un volado. Tal es la magnitud del desastre educativo en México.

aquí en la calle/ suceden cosas/ que ni siquiera/ pueden decirse/ los estudiantes/ y los obreros/ ponen los puntos/sobre las íes/ por eso digo/ señor ministro/de qué se ríe/de qué se ríe

Si consideramos que la instrucción básica es la adquisición de habilidades fundamentales y la educación es, además de instrucción, la formación integral de la persona en cuanto a la obtención de conocimientos en distintas ramas del saber, el fortalecimiento  de sus facultades reflexivas y creativas, y el desarrollo de una conciencia humanista, entonces podemos concluir que el desastre educativo que enfrentamos se debe en buena medida a la perversión del concepto de educación y su trastocamiento, en el mejor de los casos,  en simple instrucción.

Si analizamos someramente lo que los señores del poder han impuesto con el nombre de “Reforma Educativa”, de inmediato veremos que ésta no tiene nada que proponer para remediar el desastre educativo que enfrentamos y se reduce a una simple reforma administrativa y laboral, con el propósito de controlar al gremio magisterial y desmantelar cualquier forma de organización del mismo. Y lo que resulta peor y agraviante: la tal Reforma se pretende imponer a punta de garrotazos, asesinatos y encarcelamiento de los maestros inconformes con la misma, quienes sólo demandan un diálogo con las autoridades para discutir la  Reforma. Y el señor Secretario del ramo, que no cesa de reír, les responde que con todo gusto, pero  primero deben poner fin a sus protestas y aceptar la Reforma. ¿Entonces, cuál sería el objeto del diálogo?

usté conoce/ mejor que nadie/ la ley amarga/ de estos países/ ustedes duros/ con nuestra gente/por qué con otros/ son tan serviles

En tanto, en apoyo y tras el movimiento magisterial viene una gran oleada de inconformidad levantada por diversas organizaciones, padres de familia y ciudadanos de toda índole que, seguramente, más pronto que tarde congelarán la risa del señor Secretario en atribulada y bufonesca mueca de incredulidad.

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