Niños, jugando canicas- Xinhua/Huang Xiaobang (archivo)

Niños, jugando canicas- Xinhua/Huang Xiaobang (archivo)


Sandra Isabel Jiménez Mateos *

El 28 de mayo se instituyó como el Día Internacional del Juego, para recordarle a todo el mundo que jugar es un derecho para el niño (indispensable también en otras etapas de la vida) y que los adultos (padres, madres, educadores, instituciones…) tienen la responsabilidad de garantizar las condiciones necesarias para el juego.

Pero el Día Internacional del Juego es también un día de esparcimiento y alegría. Un día para disfrutar del juego y todos sus beneficios, a cualquier edad.

La fecha se instituyó en 1998 impulsada por la Asociación Internacional de Ludotecas, ITLA (International Toy Library Association), a propuesta de la entonces presidenta de la Asociación, Dr. Frida Kim, y la misma fue confirmada por los miembros de la ITLA en la Asamblea de Japón en Septiembre de 1999.

Se tomó el 28 de mayo, conmemorando la constitución de la ITLA; desde entonces, son muchos los países que se han adherido a esta celebración, la cual todavía no consigue ser reconocida por las Naciones Unidas, aún cuando el artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño expresa que “los estados partes reconocen el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes”.

El juego tiene beneficios considerables e indiscutibles: Jugar es una fuente inagotable de placer, alegría, descubrimientos, reto y satisfacción, que permite un crecimiento equilibrado del cuerpo, la inteligencia, la afectividad, y la sociabilidad. Ahora y siempre el juego es y ha sido un elemento fundamental en el desarrollo de las personas, e imprescindible para un armonioso crecimiento.

El juego favorece al pensamiento creativo y la capacidad de las niñas y niños para elaborar propuestas que les conciernen. De esta manera, dado que el juego es parte de las situaciones cotidianas, permite tener un rol activo y adquirir protagonismo y participación.

Finalmente, el juego actúa como factor protector ya que permite a las niñas y niños recordar, ordenar y comprender lo que piensan y sienten acerca de lo que les preocupa o angustia.

No hay que parar el mundo; el juego no es un punto y aparte en la vida cotidiana. El juego, como actitud libre, placentera y de gratuidad que inunda nuestro hacer de cada día y nos transforma en personas alegres, positivas y con sentido del humor.

Por estos beneficios, también es conveniente recordar que en todos los países del mundo hay niños que viven en condiciones excepcionalmente difíciles que les impiden ejercer el mencionado derecho, y que en muchas naciones son la mayoría de menores los que se ven obligados a anticiparse a las actividades de la edad adulta siendo imposible dedicar tiempo al ocio.

Pero también en otros países supuestamente mejor situados los niños tienen limitado su derecho al juego en la medida en que se priorizan aquellas actividades aparentemente útiles, relegando el juego a espacios de entretenimiento, recuperación de energías o simple pérdida de tiempo, como si éste fuera una especie de sarampión infantil, que afortunadamente, a cierta edad desaparece.

  • Investigadora de la Universidad Veracruzana en el IIESES

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