Manos vistas a través de rayos X- Michael Dorausch

Manos vistas a través de rayos X- Michael Dorausch


El 24 de diciembre de 1895 el físico alemán Wilhelm Konrad Röntgen anunció su descubrimiento de los rayos X, y mostró como se podían tomar imágenes con los mismos ante la Sociedad de Física de Alemania.

En esa reunión enseñó la fotografías de los huesos de la mano de su esposa y monedas fotografiadas a través de una bolsas de cuero que las contenía.

Pero estos no fueron los primeros experimentos con los rayos X, si no que antes el científico británico William Crookes, investigó en el siglo XIX los efectos de ciertos gases al aplicarles descargas de energía. Los experimentos se desarrollaban en un tubo vacío, y electrodos para generar corrientes de alto voltaje. Él lo llamó tubo de Crookes. Este tubo, al estar cerca de placas fotográficas, generaba en las mismas algunas imágenes borrosas.

Nikola Tesla, en 1887, comenzó a estudiar este efecto creado por medio de los tubos de Crookes. Una de las consecuencias de su investigación fue advertir a la comunidad científica el peligro para los organismos biológicos que supone la exposición a estas radiaciones.

El físico alemán Wilhelm Conrad Röntgen, científico alemán de la Universidad de Würzburg, descubrió los rayos X en 1895, mientras experimentaba con los tubos de Hittorff-Crookes y la bobina de Ruhmkorff para investigar la fluorescencia violeta que producían los rayos catódicos. Tras cubrir el tubo con un cartón negro para eliminar la luz visible, observó un débil resplandor amarillo-verdoso proveniente de una pantalla con una capa de platino-cianuro de bario, que desaparecía al apagar el tubo. Determinó que los rayos creaban una radiación muy penetrante, pero invisible, que atravesaba grandes espesores de papel e incluso metales poco densos. Usó placas fotográficas para demostrar que los objetos eran más o menos transparentes a los rayos X dependiendo de su espesor y realizó la primera radiografía humana, usando la mano de su mujer. Los llamó “rayos incógnita”, o “rayos X” porque no sabía qué eran, solo que eran generados por los rayos catódicos al chocar contra ciertos materiales.

En el primer párrafo de su comunicado a la Sociedad de Física y Medicina de Würzburg (1895) relata su decubrimiento del siguiente modo:

Cuando se deja pasar la descarga de una bobina de Ruhmkorff a través de un tubo de vacío Hittorf o de un Lenard suficientemente evacuado, Crooks o cualquier otro tubo parecido, cubierto con una camisa ceñida de cartón negro y fino, y en la habitación totalmente a oscuras se deja una placa de papel previamente recubierta de una capa de cianuro de bario y platino, ésta se ilumina cada vez que se produce una descarga, independientemente de que la superficie recubierta esté apuntando o no hacia el tubo. Dicha fluorescencia se produce hasta 2 metros de distancia del aparato. Es fácil convencerse de que la fluorescencia proviene del aparato de descarga eléctrica y no de cualquier otra parte de la línea.

Aún cuando en el resto del mundo se les siguió llamando “rayos X”, en Europa Central y Europa del Este, los rayos se llaman rayos Röntgen (en alemán: Röntgenstrahlen).

La noticia del descubrimiento de los rayos X se divulgó con mucha rapidez en el mundo. Röntgen fue objeto de múltiples reconocimientos: el emperador Guillermo II de Alemania le concedió la Orden de la Corona y fue premiado con la Medalla Rumford de la Real Sociedad de Londres en 1896, con la medalla Barnard de la Universidad de Columbia y con el premio Nobel de Física en 1901.

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