Blandina Bernal Morales, integrante del Instituto de Neuroetología de la Universidad Veracruzana (UV), tras años de investigación confirmó que en la edad infantil sí es posible que se presenten trastornos psiquiátricos como la ansiedad y depresión; sin embargo, se trata de padecimientos clínicos que suelen ser subdiagnosticados y, por lo tanto, transcurren en un mal pronóstico que entre sus consecuencias más graves figura el suicidio.

         “Nuestra aportación radica en la demostración de que la desesperanza ocurre en edad infantil y aumenta con la edad, y vamos hacia las preguntas: ¿cuándo y cómo aparece el trastorno afectivo o de ansiedad?, ¿qué circunstancias son las que pueden activar o desencadenar estas alteraciones? Esto con el fin de desmitificar algunas concepciones de que la población infantil no es vulnerable”, subrayó.

Bernal Morales es integrante del Laboratorio de Neurofarmacología, unidad periférica UV-UNAM, uno de los primeros recintos del Instituto de Neuroetología que en agosto próximo celebrará 20 años de su fundación. Su línea de investigación es “Ontogenia del estrés y afecto, en modelos experimentales” (entiéndase por ontogenia el desarrollo de las respuestas fisiológicas y de las emociones desde etapas muy tempranas de la vida y a lo largo de la edad).

La científica explicó que esta línea de investigación está vinculada con el estudio de los trastornos afectivos, debido a que la población muy joven también está afectada con trastornos psiquiátricos como la depresión y la ansiedad, “entidades clínicas que suelen ser subdiagnosticadas”.

Abundó que algunas de las características relacionadas con la depresión infantil, principalmente la desesperanza y los signos de ansiedad que la pueden preceder, las estudian con el uso de modelos animales como las ratas.

         “Los modelos animales son una interface crítica entre la investigación básica y la clínica, que nos da mucha información. Nunca vamos a poder asegurar y extrapolar que lo que pasa en un animal es lo que pasa en el humano, pero tenemos muchas similitudes en la fisiología del sistema nervioso central y lo que hemos reportado es muy congruente con lo que se observa en la clínica”, justificó.

         Detalló que trabajan en la rata con manipulaciones estresantes para semejar algunas características de la ansiedad, como las pruebas de nado forzado (para evaluar desesperanza), el laberinto de brazos elevados, de enterramiento defensivo, luz-oscuridad y de actividad locomotriz en campo abierto. Aclaró que si bien en un modelo animal no es posible modelar la enfermedad completa, sí algunos signos.

         En lo que se refiere a los modelos de depresión, utilizan manipulaciones estresantes como restricción de espacio. Con tales estudios “observamos que una población infantil de roedores es susceptible a manipulaciones estresantes; por lo tanto, muestran algunos signos de depresión como la desesperanza y la ansiedad; por otro lado, que los tratamientos clínicamente eficaces revierten estas alteraciones”, subrayó.

         Actualmente, se encuentran en pruebas en el estresor prenatal y lo explicó de la siguiente manera: “Al tratarse de una rata de 21 días destetada, pensamos que si la mamá está estresada durante la gestación, quizá le transmite algún efecto o la protege”.

Bernal Morales es integrante del Instituto de Neuroetología casi desde sus inicios. Se incorporó desde 1995 para realizar servicio social, una vez que terminó su carrera en la Facultad de Química Farmacéutica Biológica campus Xalapa –de donde actualmente es profesora–; estudió la Maestría en Neuroetología en la misma entidad académica y posteriormente realizó el doctorado en la UNAM. A partir de 2001 se integró como Investigadora Titular C de Tiempo Completo.

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