La discriminación es un problema estructural de México, existe una profunda desigualdad de trato y el motor de dicha desigualdad es el prejuicio, señaló el doctor Jesús Rodríguez Zepeda, profesor-investigador del Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma Metropolitana, luego de su participación en la presentación del libro Hacia una razón antidiscriminatoria. Estudios analíticos y normativos sobre la desigualdad de trato.

El investigador, quien es uno de los coordinadores de este libro, añadió que en nuestro país esos procesos de estigmatización “están ligados a posiciones de poder”, y en ese sentido es necesario establecer que la discriminación “si bien daña a todos, al mismo tiempo genera una serie de privilegios”.

Los discursos de odio como el emitido en días pasados por el obispo de Aguascalientes (en el sentido de que si se permite el matrimonio gay después se permitirán con animales) “están defendiendo posiciones de poder, privilegios, no derechos, son contrarios a los derechos”, advirtió.

No se trata de un ejercicio de su libertad de expresión, “porque son sujetos de poder, no es cualquier particular que diga una serie de tonterías, es un representante de una de las instituciones más poderosas que es la Iglesia y está sosteniendo un discurso contrario a la Constitución, contrario al derecho, a la no discriminación y a la igualdad de trato establecida en nuestra Carta Magna, por lo que como sociedad debiéramos reclamar rectificación.

En la presentación de este libro participó también el doctor Mauricio Merino, quien dijo que no es una publicación menor porque abrirá un espacio intelectual en México; está llamada a ser una obra muy debatida porque tiene contenido de enorme riqueza e incluso de activismo social y cívico.

Sabemos que la discriminación es estigma, exclusión, es cierre social (concepto de Max Weber), pero es evidente la dificultad para distinguir entre la desigualdad “a secas” y la desigualdad de trato.

Esto es así porque suelen vincularse y al hacerlo teórica y formalmente “se termina por impedir la posibilidad de reconocer la existencia de situaciones económicas diferenciadas y el derecho a una igualdad de trato generalizado”.

Cuesta trabajo hacer esta distinción analítica, dijo el doctor Merino, pero también es difícil separarlas en la práctica de las políticas públicas, “de tal manera que aprendamos a no discriminar al mismo tiempo que aprendemos a combatir la desigualdad social”, e incluso “aprendamos a no usar la igualdad como un pretexto para reforzar la discriminación.

“Con el cuento de que estamos luchando contra la desigualdad social, se construyen políticas públicas, programas de transferencias, programas contra el hambre que acaban estigmatizando a quienes los reciben y que por tanto, tratando de sacarlos de su situación de pobreza, los hunden en una situación social de exclusión de la que es prácticamente imposible escapar”.

Agregó que si bien existe una discriminación directa que se hace cada vez que se excluye, se niegan derechos o se lastima a los individuos en función de una pertenencia a “uno de esos estigmas que acaban siendo hegemónicos, el predominante que se impone a los demás, hay otra forma indirecta de discriminar que se esconde entre los pliegues de nuestras relaciones sociales”.

La doctora Leticia Calderón, investigadora del Instituto de Investigaciones José María Luis Mora, dijo que quien se dedique al estudio de temas como mujeres, migración, género, indígenas, religión, entre muchos otros, tiene que estudiar la discriminación.

Una de las aportaciones de este trabajo es que logra tejer por encima del tema del estudio específico de cada uno de los autores, el debate sobre la discriminación y la desigualdad de trato. 

En la presentación de este libro estuvo también la doctora Teresa González Luna, de la Universidad de Guadalajara y también coordinadora del texto, así como el licenciado Ricardo Bucio, presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, quien fungió como moderador.

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