Muestra de moho Penicillium presentada por Alexander Fleming a Douglas Macleod , 1935

Muestra de moho Penicillium presentada por Alexander Fleming a Douglas Macleod , 1935


El 12 de febrero de 1941 se aplicó la primera inyección de penicilina a un ser humano. Fue puesta por el químico Ernst Chain y el patólogo Howard Walter Florey, quien desarrolló el antibiótico, a Albert Alexander, de 43 años, policía de Oxford que se rasgó la cara con una planta de rosal.

Las heridas se le infectaron y desarrolló envenenamiento de la sangre y diversos abscesos. Debido a que sentía mucho dolor y estaba sumamente desesperado, aceptó ser tratado con el nuevo fármaco.

Según el reporte del médico que lo atendió, en los siguientes cuatro días mejoró en forma impresionante, pero debido a la cantidad limitada de penicilina disponible, el tratamiento cesó, la infección regresó y el paciente murió cuatro semanas después.

En 1945, Chain, Florey y Alexander Fleming, su descubridor, compartieron el premio Nobel de Medicina y Fisiología.

Para llegar a la aplicación de la penicilina en un ser humano, el camino fue arduo y comenzó con el descubrimiento de la sustancia.

 

El descubrimiento de la penicilina

Según Fleming, esto ocurrió en la mañana del viernes 28 de septiembre de 1928, cuando estaba estudiando cultivos bacterianos de Staphylococcus aureus en el sótano del laboratorio del Hospital St. Mary en Londres.

Tras regresar de un mes de vacaciones, observó que muchos cultivos estaban contaminados y los tiró a una bandeja de lysol. Afortunadamente, recibió una visita de un antiguo compañero y, al enseñarle lo que estaba haciendo con alguna de las placas que aún no habían sido lavadas, se dio cuenta de que en una de ellas, alrededor del hongo contaminante, se había creado un halo de transparencia, lo que indicaba destrucción celular. Era una sustancia derivada de un moho clasificado en el género “Penicillium” (del lat. penis-pene, pequeño pene).

La observación inmediata es que se trataba de una sustancia difusible procedente del contaminante.

Posteriormente aisló y cultivó el hongo en una placa en la que disponía radialmente varios microorganismos comprobando cuáles eran sensibles. La identificación del espécimen como Penicillium notatum la realizó Charles Tom.

Fleming publicó su descubrimiento sin que recibiera demasiada atención y, según los compañeros de Fleming. Tampoco él valoró en un inicio el potencial de la sustancia, en especial por su baja estabilidad, si no que el reconocimiento a la misma se fue dando de forma progresiva, conforme se comprobaba su eficacia,

En su trabajo obtuvo un filtrado libre de células que inyectó a conejos, comprobando así que carecía de toxicidad. También apreció su utilidad para aislar Haemophilus influenzae a partir de esputos.

Fleming la denomina “penicilina” y anuncia su hallazgo en una publicación el 10 de mayo de 1929 afirmando que con dicho descubrimiento se podrá combatir las infecciones.

Sin embargo, debido a su carácter tímido, Fleming no conseguía transmitir entusiasmo sobre su descubrimiento, aunque continuó durante mucho tiempo trabajando en él, hasta 1934 en que lo abandonó para dedicarse a las sulfamidas.

La primera demostración de que la penicilina era útil para la medicina la llevó a cabo en 1930 el patólogo inglés Cecil George Paine, antiguo alumno de Fleming, que intentó tratar la psicosis, pero sin éxito, probablemente porque el medicamento no era administrado con suficiente profundidad.

Sin embargo, logró tener éxito aplicando el filtrado en neonatos para el tratamiento de la oftalmía neonatal, logrando su primera cura el 25 de noviembre de 1930, en un adulto y tres bebés. Aunque estos resultados no fueron publicados, influyeron en Howard Walter Florey, que fue compañero de Paine en la Universidad de Sheffield.

Entre 1928 y 1938 Florey se interesó en primer lugar por la lisozima, y posteriormente por el segundo descubrimiento de Fleming. A diferencia de este último, que casi no contaba con plantilla, formó un gran equipo con personalidades de la talla de Chain, Leslie Falk, Norman Heatley y hasta otros 22 colaboradores entre investigadores y técnicos con gran cantidad de medios en la escuela de patología Sir William Dunn de Oxford, aunque curiosamente, según Florey, no por su potencial farmacéutico, sino por un puro interés científico. Su capacidad de procesado superaba los 500 litros de cultivo semanales.

El Premio Nobel a Fleming

No obstante la gran importancia terapéutica del hallazgo las autoridades de Gran Bretaña ordenan suspender los experimentos por carecer de recursos presupuestarios para continuar con la investigación y ante la imposibilidad de obtención de grandes cantidades del principio activo del moho “Penicillium notatum”. Posteriormente Fleming recibirá por este descubrimiento el Premio Nóbel de Medicina y Fisiología de 1945.

Dos bioquímicos, el inglés Edward Abraham y el alemán Ernst Chain, revelaron la estructura de la penicilina, la purificaron en 1939 y hallaron la forma de producirla en masa según una idea de su colega Norman Heatley en 1941.

La purificación de la penicilina se produjo en 1939, utilizando grandes volúmenes de filtrado mediante un sistema a contracorriente y extracción por amil acetato. Edward Abraham terminó de eliminar el resto de impurezas por cromatografía en columna de alúmina. Posteriormente se probó la sustancia en ratones infectados con Streptococcus.

Así, la sustancia estuvo lista para ser aplicada en el primer ser humano, el agente de policía Albert Alexander en el Hospital John Radcliffe, el 12 de febrero de 1941.

Pero el éxito relativo también atrajó la atención de farmaceúticas, siendo las empresas Glaxo y Kemball Bishop las primeras en interesarse.

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