Charles Goodyear, látex, neumáticos y preservativos

Charles Goodyear, látex, neumáticos y preservativos


El 1 de julio de 1860 fallecía Charles Goodyear tras sufrir un ataque, al enterarse de la muerte de su hija. Pese a que descubrió el látex, material que actualmente se utiliza en los preservativos y en los neumáticos de los vehículos, terminó su vida en la más absoluta pobreza, dejando atrás deudas por 200,000 dólares.

Charles Goodyear nació el 29 de diciembre de 1800 en New Haven, Connecticut, Estados Unidos y aunque fue un hombre que realizó un gran descubrimiento, nunca pudo llevar al éxito a sus empresas.

Goodyear comenzó sus actividades en 1821 en Estados Unidos, donde se asoció con su padre en un negocio de maquinarias que fue a la quiebra en 1830.

Desde entonces su vida se convirtió en una gran carrera contra los acreedores, e ingresos a la cárcel por las deudas insolutas.

De hecho sus primeros experimentos buscando la flexibilidad del caucho lo hizo en una prisión.

En 1834 se interesó en la goma, que ya en aquel tiempo se reconocía que podía ser un material útil para la impermeabilización (de hecho ya se había utilizado en la fabricación de impermeables).

Era uno de los muchos científicos que buscaban cómo aprovechar el caucho de Latinoamérica para desarrollar un producto resistente a las temperaturas extremas, que no se volviera tan duro como una tabla con el frío y quebradizo y blando y pegajoso con el calor. En sus intentos por conseguirlo compró a un inventor rival, Nathaniel Hayward, la patente de un proceso para impregnar el caucho con azufre, aunque este proceso no tuvo éxito.

Descubrió la vulcanización del caucho tras endeudarse y dedicar cinco años a la prueba e investigación autodidacta a esta empresa. Aunque sus primeras investigaciones fueron un fracaso, su perseverancia se vio recompensada con un golpe de suerte. En 1839, mientras experimentaba en su laboratorio, unos fragmentos pequeños de caucho mezclado con azufre cayeron por accidente en la estufa, generando la reacción de que que al calentarse ambas sustancias juntas a alta temperatura, se alteran sus propiedades y el caucho se vuelve insensible a las variaciones de temperatura.

Al comenzar a quemarse el caucho, Goodyear observó sorprendido que el caucho no se fundía, sino que sólo se carbonizaba lentamente, como si fuese de cuero. Entonces clavó el trozo de caucho medio carbonizado en la parte exterior de la puerta de la cocina de su casa para que se enfriara con el intenso frío que hacía fuera y se olvidó de él. A la mañana siguiente, al examinarlo descubrió que el trozo de caucho había perdido su pegajosidad y fluidez, transformándose en un material sólido, pero que conservaba su flexibilidad y elasticidad, esta incluso acentuada.

Este proceso daría lugar a un nuevo material, el látex.

A partir de este hallazgo, Goodyear comenzó a mezclar el caucho y el azufre a altas temperaturas, descubriendo así la goma vulcanizada (nombrada así por Vulcano, dios romano del fuego). La vulcanización, sigue siendo la base de la industria del caucho.

Tras cinco años peleando en la miseria, en 1844 Goodyear consiguió por fin la patente de su invención. Pero a partir de entonces se vio enredado en una serie de pleitos contra los piratas industriales que le impidieron dedicarse a la comercialización de sus hallazgos.

Desgraciadamente el proceso era demasiado simple, como en el caso de la máquina desmotadora de Whitney, y todo el mundo podía hacerlo… y efectivamente lo hicieron. Good­year tuvo que pasar todo su tiempo discu­tiendo por infracciones a su patente, y hasta 1852 no ganó definitivamente el caso en los tribunales (le defendió en el último juicio el abogado Daniel Webster).

En el extranjero, Goodyear también recibió más honores y distinciones que dinero. En Inglaterra, Thomas Hancock se anticipó a registrar sus hallazgos y en Francia sus patentes fueron anuladas por un tecnicismo, por lo que tuvo que pasar un tiempo en prisión debido a las deudas que ya había contraído.

Paradójicamente, la multinacional de neumáticos Goodyear –creada cuarenta años después de su muerte y bautizada en su honor– es actualmente una de las más rentables de la gran industria automovolística.

Charles Goodyear falleció el 1 de julio de 1860 en New Haven, Connecticut.

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