Edicion de genoma, ADN

Edicion de genoma, ADN


El miércoles 15 de febrero de 2017, se emitió la decisión de la Oficina de Patentes de EE UU (UPSTO, por sus siglas en inglés) de otorgar una serie de patentes de la revolucionaria técnica de corta-pega genético CRISPR-Cas9 a Feng Zhang, investigador del Broad Institute –una institución perteneciente al Massachusetts Institute of Tecnology (MIT) y a la Universidad de Harvard–.

Esto llevó a una feroz batalla de patentes, que no se había mostrado antes, entre dos instituciones educativas, que tuvo un nuevo capítulo de cierre el 10 de septiembre de 2018, cuando el Tribunal de Apelaciones de los Estados Unidos para el Circuito Federal otorgó la propiedad intelectual fundamental al Broad Institute del MIT y a Harvard, en Cambridge, Massachusetts, confirmando la decisión de la UPSTO.

Los “hallazgos de hechos subyacentes de la Junta están respaldados por evidencia sustancial y la Junta no se equivocó”, escribió la jueza Kimberly Moore en la última decisión. “Hemos considerado los argumentos restantes de la UC y los consideramos poco convincentes”.

La polémica batalla de patentes se dio entre Zhang y las bioquímicas Jennifer Doudna, de la Universidad de California (UC Berkeley), y Emmanuelle Charpentier, de la Universidad de Viena, reclamando los derechos de propiedad intelectual de esta tecnología, la cual en ese momento presentaba un potencial lucrativo de unos 45,000 millones de dólares.

Los abogados que representaban a la UC Berkeley interpusieron un año antes de la entrega de la patente lo que se denomina un procedimiento de interferencia, en un esfuerzo para que las solicitudes de patentes del Broad Institute fueran rechazadas.

Sin embargo, el 15 de febrero los jueces de la UPSTO determinaron que no había interferencia, indicando que la invención del Broad Institute es distinta de la presentada por la UC Berkeley y que la patente se mantenía. Por su parte, la solicitud de la Universidad de California fue remitida de nuevo al examinador y lo que permitió en parte que el litigio continuase.

Doudna y su colaboradora Charpentier, publicaron sus estudios sobre CRISPR-Cas9 en la revista Science en 2012 y recibieron el premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 2015 por su trabajo en este campo.

En su estudio, las investigadoras demostraron que la enzima Cas 9 de la bacteria Streptococus pyogenes es capaz de realizar cortes en la cadena doble del ADN y en sitios específicos con enorme precisión. Para ello, emplea una secuencia del ARN que contiene una combinación de repetidores y espaciadores y que sirve de guía a la proteína Cas.

Por su parte, el bioingeniero Feng Zhang y su equipo publicaron en 2013 –también en Science– un trabajo sobre el desarrollo de un sistema CRISPR que había editado genomas de células eucariotas (las células de animales y personas).

La guerra de las aplicaciones

A lo largo del procedimiento, iniciado en enero de 2016, los abogados del Broad Institute argumentaron la solicitud de patente de la Universidad de California no especificaba cómo la herramienta de edición genómica CRISPR-Cas9 se podría adaptar a su uso en células eucariotas.

La estrategia legal seguida por el Broad Institute le daría control de las aplicaciones más lucrativas de la técnica de edición genética en plantas, ganado y humanos, destaca Nature.

Sin embargo, a raíz de la decisión de la USPTO, los representantes de la Universidad de California, destacaron que su solicitud de patente –que además se había presentado antes que la de la institución rival– cubre el uso de CRISPR-Cas9 en todas las células, tanto las eucariotas como de otro tipo.

"Conseguir que CRISPR-Cas9 trabaje con células eucariotas es un avance adicional", dice una abogada de patentes

Los comentarios están cerrados.