Peces que comen peces son más vulnerables a la extinción

Un banco de peces, con forma de pez, en las Islas Lacadivas. / Rohan Arthur


En 1998, el fenómeno El Niño provocó aumentos de temperatura en regiones del Pacífico y, a su vez, el blanqueamiento y episodios de mortalidad masiva en los arrecifes de coral. Muchos de estos corales, sensibles a la temperatura, perdieron las zooxantelas (algas simbiontes microscópicas que viven en sus tejidos), y quedaron completamente blancos.

Todo el ecosistema quedó afectado: el espacio que los corales liberaron fue ocupado por otras algas; a su vez, los peces herbívoros que se alimentan de algas crecieron desmesuradamente, mientras que los peces coralívoros desaparecieron, llevando a la extinción a otras especies de peces que se alimentan de ellos.

Ahora, un estudio, publicado en Ecology Letters, ha cuantificado de forma detallada cómo se recupera un arrecife de coral de un evento de esta magnitud y qué probabilidad de extinción y de colonización tienen las especies en cada nivel trófico. Para ello, el quipo de David Alonso, científico Ramón y Cajal del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB) del CSIC, usó la teoría de biogeografía de islas en el proceso de reorganización y recuperación de las comunidades de peces de uno de estos arrecifes de coral, en las islas Lacadivas (India), afectados por el evento de 1998.

“Hemos contado con los datos que recogió anualmente y con gran detalle, entre el 2000 y el 2003, el científico Rohan Arthur, investigador de la Nature Conservation Foundation de Mysore (India), coautor del trabajo y director del proyecto de seguimiento integral de los arrecifes de coral de las Islas Lacadivas y también investigador asociado del CEAB-CSIC. Posteriormente”, explica Alonso. Los autores de este trabajo volvieron a tomar muestras en los mismos arrecifes en 2010 y 2011.

Peces de niveles tróficos superiores, los más vulnerables

Para el estudio, los investigadores analizaron las poblaciones de peces en función del lugar que ocupan en la cadena trófica: los peces herbívoros, que se alimentan de algas; los peces omnívoros; los que se alimentan de coral (coralívoros); los peces que comen zooplancton; los que comen micro-invertebrados; los que comen macro-invertebrados; y los que comen otros peces (piscívoros) y que ocupan el nivel más alto en la cadena trófica.

Según el estudio, estos últimos son “extremadamente vulnerables a alteraciones”, incluso cuando no existe la presión humana, como la pesca, y tienen en consecuencia una probabilidad de extinción hasta cuatro veces mayor que los peces herbívoros.

“El hecho de que tarden más en crecer y en llegar a la madurez reproductora, que pongan menos huevos, así como otras características de su ciclo vital, pueden explicar esta extrema vulnerabilidad”, señala Alonso. En el otro extremo, los peces con menor probabilidad de extinción son los que se alimentan de algas, y que están en el nivel inferior de la cadena trófica.

Con muestreos que cubren una década, los científicos han obtenido una serie de patrones que puede servir en el futuro para elaborar predicciones sobre cómo se pueden reorganizar y recuperar las comunidades ecológicas tras un evento de mortalidad masiva en un ecosistema que no está expuesto a la presión humana.

 

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