El Beso, Gustav Klimt, 1907-1908- Osterreichische Galerie Belvedere, Viena

El Beso, Gustav Klimt, 1907-1908- Osterreichische Galerie Belvedere, Viena


Héctor Cerezo Huerta

mediorombo

               “El amor es la reducción mínima del abismo entre dos personas”

Slavoj Žižek





I. Una historia trágica…
Amor dolor depresionA pesar de que ella fue la víctima de la vida que eligió; el despojo emocional que sufrió por los conflictos amorosos durante sus últimos meses de vida, aún me eriza la piel. Semanas antes de su partida, me decía textualmente: “Siento como el dolor abre mi torso y como la tristeza se fuga por mi voz, a veces me veo como un cadáver, errante, rasguñada, sangrante […] Nunca podré superar que me abandonara, refiriéndose al rompimiento de pareja que estaba experimentando. “Abandono” que en realidad fue la negativa de su novio a contraer nupcias, lo cual la había destruido, al considerarlo una traición, pues amar implicaba pureza”, “no vivir en pecado”, “casarse vestida de blanco”, “completarnos, ser absolutamente fiel y exclusiva” y “nunca lastimar con la verdad.

Su situación se agudizó cuando la pérdida de interés en lo cotidiano, el llanto fácil, su aislamiento, comunicación monosílaba, cambios bruscos del estado de ánimo, alteraciones del sueño y de sus hábitos alimentarios anunciaron el preámbulo de una depresión crónica cuyo desenlace culminó en el suicidio y la traumatización permanente de su pareja, hija y familia.

La trágica historia de mi amiga, bien puede mostrarnos que, todo cuanto sabemos del amor es cuestionable, que todo lo que nos han enseñado y hemos decidido aprender sobre como involucrarnos amorosamente resulta tan ilustrativo como sospechoso, puesto que somos jueces y partes. La cultura, los mitos, las instituciones sociales, los estereotipos de género, las creencias arraigadas en nuestra infancia, los medios de comunicación, las redes sociales y el grupo de pares son ejes transversales y enajenantes sobre los cuales se construyen prácticas afectivas que confunden, alienan y en ningún sentido contribuyen al fortalecimiento de una pareja. Al permitir que estas creencias irracionales y mitos del amor se profundicen en nuestras mentes y se enraícen en nuestras vidas, exigimos que nuestra pareja obligatoriamente también las tenga, pues si no es así, asumimos que no nos ama, que nos traiciona o que dicha relación no vale la pena, pues nos resulta extraña, diferente o francamente enferma por no apegarse a los parámetros que consideramos valiosos y normales.

Corazón de manosComo investigador y practicante del amor no puedo defender mitos que nutren, refuerzan y validan lo que nombramos y vivimos como pasión, atracción, pareja, compromiso e incluso felicidad. ¿Alguna vez te has cuestionado seriamente tales concepciones y evaluado en que medida te han sido prácticas o inútiles? Cierta ocasión, escuché a Nestor Braunstein, un genial psicoanalista argentino, parafrasear a Lacan y afirmar que “el amor es un diablillo difícil de atrapar” aludiendo a la complejidad de las historias de amor y desamor. Aunque también creo que se refería al goce, placer, reciprocidad y creatividad que las parejas construyen o inhiben, sobre todo en función de la igualdad, virtud que se alcanza, en mi humilde opinión al haber superado prejuicios personales, inercias sociales y costumbres familiares.

II. Los mitos del amor romántico

Si algo he aprendido sobre el amor, esto ha sido gracias a los distintos vínculos de pareja que he tenido, a la fortuna de escuchar a otros y al aprendizaje que me han regalado en psicoterapia las parejas que he atendido clínicamente. Así pues, resulta increíble observar como las personas remiten sintomáticamente por “amor” e igual se enferman, mueren o matan por el mismo motivo.

En todos estos escenarios, las personas olvidaron el principio básico del amor; el cuidado del sí mismo; aspecto relativo a la vigilancia que mantenemos de nosotros mismos para que nadie nos robe o usurpe nuestro ego. El cuidado del sí mismo en el amor es imprescindible en una época histórica en la que predomina una concepción amorosa excesivamente romántica, cosificada y cargada de terribles idealizaciones que condicionan la conducta afectiva, la noción misma de pareja y hasta sus patrones de atracción, intimidad, pasión, ruptura y reconciliación.

La máscara que oculta emocionesLa relación de pareja, sin importar su estatus, naturaleza, condición genérica o carácter formal o abierto, implica ante todo una asociación de personas con un propósito común o concurrente; una entidad peculiar, autónoma y específicamente diferenciada que va más allá que la suma de sus componentes, cuya combinación de experiencias previas no debe constituirse como un vínculo fusionado de mitos –como la mayoría de las veces ocurre- pues cuando esto sucede, los supuestos que orientan la vida de hombres y mujeres son meramente ficticios, irracionales e imposibles de cumplir; a lo cual se le denomina: mitos del amor romántico.

Así pues, Yela (2003) describe una serie de creencias amorosas que nos desnudan existencialmente, bloqueando la conexión necesaria entre las emociones y las razones y terminan en el peor de los casos, exponiéndonos a una verdadera enfermedad del amor. Cabe señalar, que elegí explicar aquellos mitos que resultan más cuestionables en la vida de las parejas.

  1. El “otro” es la única elección posible, la que teníamos predestinada.

La creencia irracional que alude a la “media naranja”, al “alma gemela” y a la fe ciega en el destino, nos hace transitar una serie de experiencias de vida que refuerzan roles estereotipados para mujeres y hombres. Así pues, a ellas les corresponde ser doncellas, princesas, pasivas, delicadas, frágiles e incondicionales, mientras que de ellos se espera un rol eminentemente proveedor, que tomen la iniciativa, que sean activos, protectores, dominantes y que no demuestren sus sentimientos; justificando y reproduciendo relaciones de poder desiguales e incluso normalizando la violencia.

  1. La pareja heterosexual es algo natural y universal y será fuente de conflicto interno en todas aquellas personas que se desvíen de esa norma.

Quizá este es uno de los mitos más extendidos sobre el amor y sin duda una variante discriminatoria, excluyente y políticamente incorrecta al permitir que el prejuicio e ignorancia de la sexualidad humana contribuya a la genitalización, al fomento de la intimidad con fines reproductivos y no con propósitos de placer, autorrealización, goce, erotismo y sensualidad.

  1. El mito de la exclusividad apoya la creencia en que es imposible estar enamorado/a de dos personas a la vez.

La exclusividad nos convierte en objetos amorosos y “cosifica” al ser amado. La noción de “posesión” del otro es un indicador de amor neurótico y predispone a considerar que toda relación alternativa o disidente son practicadas por personas que no pueden comprometerse, que son promiscuas, egoístas, con dificultades sexuales o que se engañan entre sí. No sólo es posible aceptar que nos pueden atraer varias personas al mismo tiempo, sino que además, es un hecho neurobiológico y antropológico suficientemente investigado, la posibilidad de amar intensamente a varias personas. El argumento central de una relación de pareja no radica en la exclusividad y la monogamia, más bien descansa en el respeto, la comunicación, la confianza, la equidad y la consciencia de que el otro no te pertenece, sino te acompaña voluntariamente.

  1. El mito de la fidelidad, o creencia de que el deseo deben satisfacerse exclusivamente con la propia pareja.

Los partidarios de la monogamia dogmática suponen que en los vínculos afectivos “sexo y amor” vienen en el mismo paquete de pareja y suponen perversamente que el matrimonio es el destino final del amor verdadero. Tales hipótesis en ningún sentido contribuyen al fortalecimiento de una pareja. Nociones como “amor eterno”, “fidelidad absoluta”, “traición”, “castigo” o “complemento” bien pueden servir para los modelos tradicionales de pareja, sin embargo no satisfacen a todas las personas y, por ello todos tenemos el derecho a experimentar y ejercer libre y responsablemente nuestra capacidad amorosa y expresión de la sexualidad en relaciones alternativas de pareja. Es decir, un vínculo amoroso establecido entre adultos de modo honesto, libre e informado que parte de premisas afectivas, cognitivas y conductuales diametralmente opuestas a las relaciones tradicionales, pues plantean al amor como un compromiso ético y no mercantilista que alivia la presión cultural al considerar que una pareja no debe cubrir todas nuestras necesidades y cumplir todas nuestras expectativas.

  1. La creencia en los celos como signo de amor, e incluso como requisito indispensable de un verdadero amor.

Retana y Sánchez (2008) han descrito que cuando en una relación de pareja se ha formado un estilo de apego con tinte inseguro y esto se vincula a sentimientos de duda o temor en una relación, se desarrollan relaciones inestables, ansiosas y aprehensivas que favorecen los celos y la presencia de amores preocupados, inquietos y pendientes de su objeto de amor en formas dependientes o adictivas.

Por otro lado, los celos no son garantía de un amor sano, pues podemos identificarlos incluso en relaciones no románticas. En este sentido, los celos pueden ser una respuesta de malestar innata que surge ante la amenaza de la pérdida de una relación valiosa como consecuencia de la existencia de una tercera persona. En cambio para otros, los celos son producto de la socialización que en algunas culturas no aparecen, siendo más propios de las sociedades que defienden la exclusividad y la posesividad en ciertas relaciones. En opinión de Neu (1980), los celos parten de la noción de posesión, inseguridad y temor a la pérdida, por lo que siempre existe un rival, real o imaginario.

  1. El mito de la equivalencia, o creencia en que el «amor» y el «enamoramiento» son equivalentes y, por tanto, si una persona deja de estar apasionadamente enamorada es que ya no ama a su pareja.

Calixto (2015) explica que una diferencia fundamental entre amor y enamoramiento, es que el amor valora y otorga. En tanto, el enamoramiento es ilógico, egoísta e irreflexivo. El enamoramiento está limitado por un estado neuroquímico, de duración definida, que elimina la objetividad de la conducta. Al inicio de una relación la atracción, el acercamiento y la sensación de no poder vivir sin ella predomina, sin embargo posteriormente nuestro cerebro nos capacita para transitar a otra etapa, menos emotiva y más reflexiva, que nos lleva a valorar o a desestimar a la pareja, a continuar una relación o a terminarla.

  1. La creencia de que «el amor lo puede todo» y, por tanto, si hay verdadero amor éste es suficiente para solucionar todos los problemas.

Además de ser un versículo bíblico, la cita: “El amor todo lo cree, todo lo espera, todo lo sufre y todo lo soporta” es una falacia peligrosa, una verdadera trampa que victimiza, idealiza y genera relaciones neuróticas, disociativas y despersonalizantes y que contribuye a la realización de actos manipulatorios y de abuso emocional entre los amantes. Un argumento atribuido a Lacan en uno de sus seminarios (argumento que por cierto, parece estar malinterpretado y modificado en su original procedencia platónica) afirma que: “amar es dar lo que no se tiene […] a quién no lo es”. Una forma de interpretarlo es que amamos por una falta, una carencia constitutiva, la cual buscamos que el otro de alguna manera pueda completar. Por tanto, el amor tiene una buena dosis de ceguera y autoengaño para poder dar al otro lo que no se tiene. Debemos partir de una indefensión existencial y constitutiva y, además tener la posibilidad de brindársela al otro, tenemos que estar tan frágiles y tan dispuestos a darle algo al otro, que decidimos darle nuestra propia falta. Si has amado así, entonces es viable que el amor “todo lo pueda”. En tanto, puede tranquilizarnos asumir que nos enamoramos como podemos y no como debemos.

  1. El mito de la pasión eterna, o creencia de que el amor romántico puede y debe perdurar tras años de convivencia.

La mayoría de las parejas pierde de vista el objetivo central por el cual acordaron estar juntos; aprender del otro y, por tanto no distinguen que los vínculos amorosos como todo fenómeno en la vida obedece a un proceso evolutivo que inicia por la atracción, transita por el romance y cierra con el compromiso, lo cual debiera tranquilizarnos a todos al aceptar que el amor invariablemente sufrirá cambios cualitativos en las formas de sentirlo y expresarlo, que no necesariamente se relacionan con modificaciones en la intensidad amorosa.

 

III. A modo de cierre

Los mitos del amor romántico nos colocan en una posición vulnerable y facilitan la vivencia de relaciones neuróticas, adictivas y dependientes, a experimentar gran felicidad y al mismo tiempo un enorme sufrimiento e incita a la experiencia de celos extremos, vacío, desesperación, ansiedad y mortificación. Para concluir, te invito a leer el siguiente texto que pudo ver la luz gracias a una sublime mirada, cuya portadora espero comprenda que amo más que sus ojos de locura, porque mi amor por ella es religión…y sus besos mis rezos.

Corazón de fuegoHace tiempo solo observaba una estrella. Su resplandor me parecía suficiente para iluminar mis cosmovisiones. Sin embargo, como eterno e inconforme observador del cielo; me moví y descubrí enormes galaxias. Durante años las dudas me hicieron presa de ciertos tipos de vínculos. Encontré un patrón, una tendencia, una norma en la que nunca me sentí “encajado”. Y por ello me atreví a experimentar y ejercer mi erotismo de formas abiertas y creativas.

Descubrí acuerdos comunes, compromiso y congruencia. Respeté límites, derechos y riesgos asociados a la madurez emocional. Amplié mi vocabulario del amor con diversos neologismos. Pronuncié el plural; abandoné el singular. Aprendí cómo ejercer la honestidad, equidad y consenso. Acepté ser un mutante del amor tradicional y asumí ser un enemigo de la cosificación amorosa.

Aprendí a tejer compromisos, no vínculos esclavizantes. Anhelé amar, desear, tocar, sentir y crecer al lado de alguien afín a mi ideología. Reclamé como mi derecho el gozo, el placer, la genitalidad y la autorrealización. Comprendí que el problema no es la elección; sino la apertura. Empecé a dibujar amores geométricos, y borré los trazos cuadrados. Entendí que el problema no era poseer, sino compartir.

Me infecté de una idea; no soy príncipe de nadie; ni complemento de un ser en permanente carencia. Derrumbé afectivamente la fantasía de varias compañeras al no ser su “media naranja” y construí mejores fronteras y límites propios. Logré declararle mi amor a ciertas miradas, y ellas me correspondieron. Percibí la esencia de mis vínculos; su ser y no solo su “carne”.

Aprecié en toda su magnitud el aforismo de Wittgenstein….“los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje” particularmente cuando gracias a ellas mis límites se ensancharon. Descubrí mi acentuado fetichismo al observar, oler, tocar, saborear y escuchar presencias sublimemente cautivadoras y excitantes. Sentí una deliciosa combinación de sensualidad y soltura que difuminó fantasías en todo mi cuerpo.

Identifiqué todos los olores, sabores, texturas, tamaños, formas y territorios del cuerpo femenino; desde los más evidentes hasta los más recónditos. Viajé por un camino lleno de besos y disfruté recorriendo anatomías inimaginables. Vagué por sus vientres, me sellé en sus labios y estallé entre sus piernas. Escuché y valoré cualquier sonido, palabra o frase que mis compañeras quisieron regalarme.

Corazón roto, parchadoHoy, ensayo formas proscritas y estratégicas de mostrar mis afectos. Hoy, estoy atrapado en otredades. Hoy, pretendo combatir la vulgarización extrema de ciertos vínculos criticados por su supuesta “libertad”. Hoy, reitero que bajo el amparo de la estúpida “regla” de “no enamorarse”, los vínculos no son productivos. Y es que al amor lo necesito en mi corazón, en mi mente y en mi cama; es la enfermedad de la cual no quiero liberarme, aunque me ataque, no quiero ser curado, pues paradójicamente me libera y purifica.

Referencias:

  • Calixto, E. (2015). Enamoramiento: un viaje químico transitorio del cerebro. En Portal Blogs Excelsior. Consultado el 10 de marzo de 2015. Disponible en http://www.excelsior.com.mx/blog/neurociencias-en-la-vida-cotidiana/enamoramiento-un-viaje-quimico-transitorio-del-cerebro
  • Neu, J. (1980). Jealous Thoughts. En A.O. Rorty (Ed.). Explaining emotions. Los Ángeles: University of California Press.
  • Retana, B y Sánchez, R. (2008). El papel de los estilos de apego y los celos en la asociación con el amor adictivo. Psicología Iberoamericana, 16 (1), 15-22.
  • Yela, C. (2003) La otra cara del amor: mitos, paradojas y problemas, Encuentros en Psicología Social, 1 (2), 263-267.

 

Héctor Cerezo Huerta: Doctor en Psicología Educativa y del Desarrollo por la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México. Profesor-Investigador del Departamento de Humanidades del Tecnológico de Monterrey, Campus Puebla. Profesor-Instructor de Educación Continua de la Facultad de Estudios Superiores de Iztacala, UNAM.

Correo electrónico: hector.cerezo@itesm.mx

Twitter: @HectorCerezo

Blog:  http://docenciaydocentes.blogspot.mx

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