El síndrome del acento extranjero (SAE) es una enfermedad rara que en España únicamente afecta a menos de medio centenar de personas y que se caracteriza por alterar de forma sutil el habla de quien lo padece.

Aunque no influye en otras habilidades lingüísticas como la corrección léxica y gramatical ni a la inteligibilidad, esta alteración provoca que la pronunciación de la persona parezca foránea.

Tras su primera descripción científica en 1907 por el neurólogo francés Pierre Marie, el interés por esta patología se ha reactivado en la actualidad. Muestra de ello es que de los más de 50 artículos sobre sus características lingüísticas y su base neurológica que se han publicado desde entonces, alrededor del 20% han sido editados en la última década.

En este punto los expertos coinciden en que aún queda un largo camino por recorrer en el plano terapéutico, donde comienza a cobrar cada vez más fuerza la opción que combina el tratamiento farmacológico con los ejercicios lingüísticos.

En este sentido versa el trabajo publicado recientemente por investigadores de la Universidad de Málaga (UMA) en la revista Neuropsychologia. Ignacio Moreno-Torres, filólogo del departamento de Filología Española II, y Marcelo Berthier, neurólogo del Centro de Investigaciones Médico-Sanitarias de la UMA, han llevado a cabo un análisis completo de una paciente que presentaba algunos rasgos propios del SAE y de la que estudios médicos previos no ofrecieron una explicación satisfactoria a varias de sus dificultades.

La investigación se abordó desde varios frentes. Por un lado se analizó detalladamente su capacidad de comunicación y la producción lingüística, con especial atención a los rasgos fonéticos, y por otro, se llevaron a cabo distintas pruebas médicas de diagnóstico.

Entre varios síntomas, se pudo detectar un enlentecimiento general en su habla, pérdida de habilidades prosódicas –sobre todo en el contenido emocional–, la dificultad para emitir, por ejemplo, la entonación correcta de una frase interrogativa y ciertos errores en las consonantes.

Según los responsables del estudio, fue particularmente llamativa la producción de los sonidos entre sílabas de la «b», la «d» y la «g». Como describe Moreno-Torres,  “mientras que el hablante nativo español puede producir estos sonidos de forma suave o fuerte, de manera natural tiende a suavizar este sonido cuando pronuncia palabras como ‘cada’ o ‘ciego’.  La paciente, sin embargo, al igual que muchos hablantes extranjeros, tendía a la pronunciación fuerte, como si dividiera cada palabra sílaba a sílaba”.

Otra de las cuestiones sobre la que ha intentado arrojar luz este trabajo es la de conocer cuáles son las lesiones estructurales y funcionales del SAE. En concreto, la resonancia magnética descubrió pequeñas lesiones que afectaban especialmente al opérculo frontal y la ínsula interior, zonas del cerebro íntimamente relacionadas con la planificación de los mecanismos que permiten la iniciación del lenguaje y la articulación del palabras.

Berthier afirma que “las pruebas revelaron, entre otros indicios, una ruptura de los componentes clave de la red ligada a la planificación y ejecución de la producción del lenguaje, y a la propia comunicación emocional”. Junto a ello diversos indicios apuntaban a una ruptura de las vías colinérgicas —lateral y media— del cerebro como causa de la hipoactividad en esa región cerebral.

Las vías colinérgicas son un sistema de células nerviosas que necesitan de la acetilcolina como neurotransmisor, es decir, como vía para transmitir señales que intervienen en una infinidad de procesos y entre los que se encuentra el del habla. “En este caso la detección de este déficit en las vías colinérgicas abre la puerta para el uso fármacos que restablezcan la actividad funcional de estas vías, un aspecto ya que habíamos estudiado en otros pacientes”, asevera Berthier.

La comunicación social

Además de detectar cuáles son los déficits lingüísticos y cognitivos, la investigación ha tenido como objetivo determinar el impacto que tiene el SAE en la comunicación cotidiana y en el perfil psicosocial de los afectados.

En este sentido, las pruebas dieron como resultado que la paciente, a pesar de que en aspectos puramente lingüísticos obtuvo puntuaciones que fueron óptimas, contaba con un nivel muy reducido de interacción y participación social. Una consecuencia que los especialistas han alejado de causas psiquiátricas y que fundamentan sobre todo en la disminución de habilidades ligadas a la comunicación, como por ejemplo la iniciativa a la hora de comenzar la emisión verbal o de abrir una conversación, e incluso la capacidad de transmitir carga emocional y de su estado de animo a través del habla.

En conjunto el estudio permite comprobar las variadas consecuencias de una lesión tan pequeña y abre las vías para un tratamiento combinado. Una terapia que suma la medicina a las técnicas lingüísticas que venían aplicándose en estos casos hasta la fecha. Gracias, en parte, a la identificación precisa de las alteraciones cerebrales provocadas por la lesión cerebral y de las consecuencias cognitivas y lingüísticas. “Todo ello ha permitido que en la actualidad se haya podido tratar a la paciente de forma satisfactoria con un tratamiento farmacológico y con ejercicios lingüísticos”, sostiene Berthier, que ya trabaja junto a Moreno-Torres en el artículo sobre el impacto de dicho tratamiento.

Referencia bibliográfica:

I. Moreno-Torres et al. «Foreign accent syndrome: A multimodal evaluation in the search of neuroscience-driven treatments». Neuropsychologia 51 (2013) 520-537. Disponible en línea: http://dx.doi.org/10.1016/j.neuropsychologia.2012.11.010.

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