1984, de George Orwell, portada


Cuidado: el Gran Hermano te vigila. La policía del pensamiento se ocupa de que no tengas ideas peligrosas y la neolengua (adaptada del inglés) se encarga de que éstas no se puedan si quiera expresar, al imponer que aquello que no forma parte de la lengua, no puede ser pensado. El Ministerio del Amor se dedica a la tortura y el de la Paz, a la guerra. El Estado de Oceanía todo lo puede y el libre pensamiento ha sido aniquilado.

En ella, Orwell presenta un futuro en el que una dictadura totalitaria interfiere hasta tal punto en la vida privada de los ciudadanos que resulta imposible escapar a su control.

“1984” salió a la venta el 8 de junio de 1949 tanto en el Reino Unido, como en Estados Unidos. Los estantes de las librerías se llenaron de ejemplares de una novela que se ponía ese mismo día a la venta y que marcaría un antes y después en la literatura de ciencia ficción.

Bienvenidos a 1984, la novela que publicó George Orwell poco después de finalizar la II Guerra Mundial y que es considerada como una de las mejores obras ciencia ficción distópica. De hecho, hoy en día utilizamos el término ‘orwelliano’ como sinónimo de distopía – antiutopía-, para definir a las sociedades donde los gobiernos practican o buscan implantar modelos totalitarios y represores, como el mostrado en la novela. A pesar de que fue concebida como una llamada de atención contra los totalitarismos de todo signo.

La novela se desarrolla en un Londres del futuro, parte de una región llamada Franja Aérea 1, que “… alguna vez fue llamada Inglaterra o Britania” integrada, a su vez, en un inmenso estado colectivista: Oceanía. La sociedad de Oceanía está dividida en tres grupos. Los miembros “externos” del Partido Único, los miembros del Consejo dirigente, o círculo interior del partido, y una masa de gente a la que el Partido mantiene pobre y entretenida para que no puedan ni quieran rebelarse, los proles.

El personaje principal de la novela es Winston Smith, que trabaja en el Ministerio de la Verdad (uno de los cuatro ministerios que hay), quien se rebela y busca reescribir la historia, ironizando el ideal declarado en el nombre del Ministerio.

La odisea de Winston Smith en un Londres dominado por el Gran Hermano y el partido único va en este sentido, aunque en las analogías con el comunismo estalinista resultan evidentes, dada la trayectoria vital del autor.

El Gran Hermano suple a todo personaje político: él es el comandante en jefe, el guardián de la sociedad, el dios pagano y el juez supremo. Él es la encarnación de los ideales del Partido, el Partido ubicuo, único y todopoderoso que vigila sin descanso todas las actividades cotidianas de la población, al punto que inclusive, en las calles y casas hay dispositivos de vigilancia para conocer todos los actos de cada individuo (“telepantallas”). Irónicamente, Orwell insinúa la posibilidad de que el Gran Hermano ni siquiera sea una persona real, sino un mero icono propagandístico.

El Partido es la organización a la que han de pertenecer todas las personas, a excepción de los “proles”, que con todo, constituyen la inmensa mayoría de la población. Estos últimos están mantenidos en la miseria más abyecta, pero se les entretiene de diversas formas por parte del Partido para preservarlos contentos en su situación. Prácticamente sólo saben obedecer órdenes y se los considera incapaces de rebelarse; se les conceden los mismos derechos que a los animales y, de hecho, la Policía del pensamiento apenas los vigila: «a los proles se les permite la libertad intelectual porque no tienen intelecto alguno».

La novela cobra nueva vigencia en la sociedad actual, en la que el control a los ciudadanos, coercitivo o no, se halla más perfeccionado que en ningún otro momento de la historia de la Humanidad.

Hoy en día gran parte de su imaginario ha permeado la cultura popular, al igual que los conceptos que incluyó en su obra, como “omnipresente” hoy están integrados a los idiomas de todo el mundo, mientras que el “Gran Hermano”, como vigilante de todos los movimientos, igual ha trascendido.

Muchos analistas han ponderado que ya vivimos en una sociedad orweliana, donde se manipula la información y se práctica la vigilancia masiva, además de que existe la represión política y social.

1984 es la antiutopía más célebre de todas cuantas fueron escritas durante la primera mitad del siglo XX, y por lo mismo la obra cumbre de la trilogía de las distopías, junto a la novela de 1932, “Un mundo feliz” Brave new world, en inglés), de Aldous Huxley, y Fahrenheit 451, de Ray Bradbury (publicada inicialmente en 1953).

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