El 15 de febrero de 1564 nació en la ciudad italiana de Pisa uno de los padres de la ciencia moderna, Galileo Galilei. El famoso astrónomo también fue pionero en la divulgación científica, según cuenta un experto en el tema, Ramón Núñez (La Coruña, 1946), exdirector del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (MUNCYT) que nos acerca al personaje.

¿Algún dato curioso sobre la infancia de Galileo?

Parece que nació en la casa materna. Su padre era un gran intérprete y compositor de laúd, y se pueden escuchar grabaciones de algunas de sus obras. Galileo también tocaba el laúd e interpretaba piezas de su padre. De él heredó el gusto por la experimentación –midiendo cómo influía la longitud de las cuerdas sobre las notas, por ejemplo–, o el hecho de ensayar y probar las cosas. Al principio su padre quería que fuera médico pero enseguida se inclinó por la física y las matemáticas.

¿Y cómo sería de joven?

Tuvo que ser una revolución. Era guapo, corpulento, con melena pelirroja…  Cuando ya fue profesor de matemáticas, a veces sorprendía a sus alumnos diciendo que su cargo le obligaba a cumplir algunas normas, como no llevar toga cuando iba a un prostíbulo. Hoy nos choca más, pero en aquella época los prostíbulos o el matrimonio tenían otra consideración. De hecho sus tres hijos –un varón y dos mujeres que fueron al convento– los tuvo con Marina Gamma, que no se sabe muy bien si fue sirvienta, compañera o ama de llaves.

En el ámbito científico desarrolló instrumentos como el péndulo, el compás, el telescopio…

El no inventó el telescopio. Ya había anteojos circulando por Europa, como los fabricados por artesanos catalanes y holandeses. Parece que construyó buenos catalejos, pero inventarlo no. El acto creativo fue mirar al cielo.

Entre sus investigaciones científicas ¿con cuál se queda?

Me apasionan especialmente sus experimentos de caída libre de los cuerpos, porque significan muchas cosas, como el espíritu crítico. Hasta entonces todo el mundo se creía lo que decía Aristóteles de que los cuerpos más pesados caen con mayor velocidad y que esta es uniforme. Galileo se atreve a retar esta idea preguntando a la naturaleza. Cogió bolas de distintos materiales y midió con su pulso los tiempos que tardaban en bajar por una rampa. Así observó que los cuerpos caen con una velocidad que aumenta con el cuadrado, pero lo importante es que encontró la respuesta en la experimentación, no en la filosofía o el debate de las ideas. Ese es el gran cambio.

¿Considera más importante sus investigaciones o la defensa que hizo del método científico?

Yo creo que las dos, pero además añado un tercer elemento: sacar a la ciencia del Sancta Sanctorum y llevarla al público en general. Cuando escribe el libro de las manchas solares dijo que lo publicaba en idioma vulgar para que todo el mundo pudiera leerlo. Hasta entonces los eruditos escribían en latín solo para una élite social o intelectual que te podía aplaudir. Galileo rompe esto con voluntad deliberada. En este sentido se puede decir que Galileo es uno de los padres de la divulgación científica.

Aunque su famoso Sidereus nuncius todavía está en latín…

Sí, pero se trata de la primera revista monográfica de la historia. Revista porque tenía 60 páginas y monográfica porque trataba un solo tema: sus observaciones astronómicas con el anteojo. El gran titular era el descubrimiento de que la Luna tiene montañas y que Júpiter tiene satélites. Además está ilustrado con dibujos y se publicó apenas un mes después de haber hecho los descubrimientos. Todos estos son ingredientes de un monográfico actual. Solo le faltó que todavía iba en latín, pero esto lo corrigió en su siguiente publicación. Para mí es uno de los libros más importantes de la historia, aunque desde un punto de vista científico e ideológico es más importante Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo.

El libro donde se inclina por el sistema copernicano de la Tierra alrededor del Sol, una idea de la que tuvo que abjurar ante la Inquisición ¿Sabía que estaba mintiendo?

Absolutamente. El abjura para salvar la vida y para darnos un ejemplo muy importante: que la ciencia no necesita mártires. Es una actitud pragmática. Si yo le tuviera que aconsejar a mi hijo en un caso parecido, no le diría que entregara su vida por la ciencia, porque tarde o temprano esta demostrará lo que es verdadero y lo que es falso. Gracias a que Galileo abjuró pudo seguir trabajando y entregarnos algunas obras que sirvieron para que progresara la ciencia.

¿En algún momento manifestó un conflicto interno entre su fe católica y el ser científico?

Yo creo que no. En ese sentido el texto paradigmático es la carta que dirigió a la duquesa Cristina de Lorena. En ella comenta la famosa frase de que la Biblia nos puede servir para decirnos cómo ir al cielo, pero no cómo funcionan los cielos. Ahí marca muy bien la diferencia, aunque sea compatible su fe católica con sus opiniones científicas. Galileo explica que la fe debe meterse en el comportamiento de las personas y para nada en la explicación de los hechos. De eso ya se encarga la ciencia. Los conflictos que tuvo fueron por política eclesiástica, además de por envidias y revanchas, pero fue atrevido y orgulloso, y afirmó las cosas porque se sentía seguro de lo que pensaba.

Galileo, la comida y el buen vino

galileo

De vez en cuando Ramón Núñez le hace un homenaje a Galileo comiendo el que fuera uno de sus platos favoritos, el cerdo con nabos, regado con vino Barolo del Piamonte.

“De la vida privada de Galileo sabemos sobre todo por las cartas de su hija María Celeste, que estaba en un convento”, dice Núñez. La correspondencia desvela aspectos de la vida cotidiana, como la afición de Galileo por la buena cocina y el buen vino, y el control a distancia que desde 1631 mantenía sobre las producciones de su casa de Arcetri, a las afueras de Florencia.

Esta casa tenía un jardín donde se cultivaban frutales (como limoneros, naranjos, perales, ciruelos, albaricoques o manzanos) y hortalizas, además de romero, ruda y otras plantas medicinales.

La hija le decía que no bebiera tanto

Entre las hortalizas destacaban, por el número de veces que se las nombra, las lechugas, alcachofas, berenjenas, alcaparras, coles, cebollas, habas y alubias blancas. Las laderas tenían almendros y olivos, y allí recogían espárragos silvestres. También había un palomar, y una mula mal alimentada ayudaba a las faenas duras.

En las cartas, su hija le comenta a Galileo aspectos como que el vino se le está picando, las habas son muy buenas o sobre envíos de pasteles de espinacas y cabritos. “Se ve que le interesa mucho cómo están las cosechas o el huerto”, dice Núñez, a quien llama la atención el hecho de que en bastantes cartas María Celeste le advierte a su padre que no beba tanto.

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