Hilary Koprowski nació en Varsovia, Polonia, el 5 de diciembre de 1916, y se recibió como médico en la Universidad de Varsovia, en 1939.

Poco después de graduarse se dio la invasión alemana sobre Polonia, por lo cual Koprowski y su esposa Irena (con quien se casó en julio de 1938), también médico, huyeron del país, usando conexiones de los negocios familiares de los Koprowski en Manchester, Inglaterra. Hilary fue a Roma, donde pasó un año estudiando piano en el Conservatorio de Santa Cecilia, donde se graduó en música; su cercanía con la música fue tal que incluso compuso varias obras.

Mientras tanto, Irena fue a Francia, donde dio a luz a su primer hijo, Claude Koprowski, y trabajó como médico de cabecera en un manicomio. Cuando la invasión sobre Francia avanzaba, en 1940, Irena y el niño se escaparon vía España y Portugal hacia Brasil (donde se reunió la familia Koprowski). Ahí Koprowski trabajó en Río de Janeiro para la Fundación Rockefeller en la búsqueda de una vacuna contra el virus de la fiebre amarilla .

Después de la Segunda Guerra Mundial los Koprowskis se instalaron en Nueva York, en donde Hilary fue contratado como investigador para Lederle Laboratories, la división farmacéutica de American Cyanamid . Aquí comenzó sus experimentos de polio, lo que finalmente condujo a la creación de la primera vacuna oral contra la poliomielitis. Debido a su empleo en la industria farmacéutica, algunos de sus colegas académicos le llaman un “científico comercial.”

Sin embargo, en 1948, cuando Koprowski presentó su vacuna, está no fue bien acogida en Estados Unidos; aún cuando se habían realizado las pruebas pertinentes, las autoridades sanitarias la consideraron demasiado arriesgada por el uso de virus vivos.

En cambio, en otros lugares —sobre todo en África, donde los reparos a la hora de probar un tratamiento tan revolucionario eran menores— la eficacia de la vacuna fue la primera prueba de que la epidemia podía combatirse.

Koprowski se desempeñó como director del Instituto Wistar de 1957 a 1991, período durante el cual Wistar alcanzó el reconocimiento internacional por su investigación de la vacuna y se convirtió en el Centro del Cáncer del Instituto Nacional del Cáncer.

Koprowski murió el 11 de abril de 2013, en Wynnewood, cerca de Filadelfia, de neumonía a los 96 años.

La vacuna de Koprowski y el SIDA

Según recientes versiones y diversas teorías alternativas como la de Edward Hooper, Koprowski involuntariamente pudo haber transferido el virus de inmunodeficiencia humana a partir de las pruebas realizadas con la vacuna CHATT (amplificada en riñones de monos africanos) a finales de los años 50 en el Congo Belga.

Entre 1957 y 1960 (año de la independencia del Congo), se capturaron y mataron más de 400 chimpancés. Más tarde se descubrió que esta especie es portadora de un virus pariente del VIH, el VIS, y que pudo haber contaminado la vacuna antipolio.
La vacuna experimental antipolio del Koprowski, conocida como CHAT, fue suministrada a más de un millón de personas en el Congo Belga, Ruanda y Burundi, lugares en los que veinte años más tarde aparecieron los primeros casos de sida. Esta hipótesis también se maneja en el documental Les origines du Sida (2003).

Aunque las afirmaciones de Hooper recibieron mucha publicidad, las pruebas no respaldan (y en algunos casos, contradicen directamente) la idea de un vínculo entre la OPV y el VIH.

En primer lugar, las existencias sobrantes de la vacuna contra la polio en cuestión fueron examinadas por laboratorios independientes, y se confirmó que se produjeron usando células de mono (y no de chimpancé, como afirmaba Hooper). Además, ninguna estaba contaminada con VIH o VIS. Estos datos consolidan las declaraciones de los creadores de la vacuna, quienes argumentaban que solo se usaron células de mono, no de chimpancé, para producir la vacuna.

En segundo lugar, un estudio de 2004, publicado en Nature, mostró que la cepa de VIS que afectaba a los chimpancés de la zona donde afirmaba Hooper se había preparado la vacuna, eran diferentes genéticamente de las cepas del VIH. Esto refutó las afirmaciones de Hooper desde otro ángulo; aunque se hubieran utilizado células de chimpancé infectadas con VIS de esa zona para producir la vacuna, no podrían haber sido la fuente del VIH.