Farel y Calvino- Renato Carvalho

Farel y Calvino- Renato Carvalho


Quien ha de ser figura prominente de la Reforma Protestante en la religión católica y padre del calvinismo, Juan Calvino, nace en Noyon, Picardía, Francia, el 10 de julio 1509 y fue bautizado con el nombre de Jean Cauvin, latinizado como Calvinus.

Caracterizado por llevar hasta sus últimas consecuencias lógicas la soberanía absoluta de Dios, desde siempre fue un hombre enfermizo, que nunca gozó de buena salud, y también desde niño mostró su inclinación religiosa.

Juan Calvino, Sus primeros estudios estuvieron destinados a la carrera eclesiástica. Su formación inicial la recibió en el Collège de la Marche y en el Collège de Montaigne (allí estudiaron también Erasmo de Rotterdam e Ignacio de Loyola). El padre de Calvino era abogado y en 1523 envió a Jean, que por entonces tenía 14 años, a la Universidad de París a estudiar Humanidades y Derecho. A instancias de su padre, que pretendía que Juan Calvino siguiera el camino de las leyes, se matriculó en las universidades de Orleáns y Bourgues. En 1532, se doctoró en Derecho en Orléans. Durante su paso por los claustros universitarios tomó contacto con las ideas humanistas y reformadas. En abril de 1532, cuando contaba 22 años de edad, publicó un comentario sobre el De Clementia de Séneca, trabajo que puso en evidencia sus dotes como pensador.

Con esa formación y con sus estudios de la Biblia, participó en un movimiento que enfatizaba la salvación por medio de la gracia y no por las obras.

El evento que mostró la nueva forma de pensamiento que estaba teniendo Calvino, se dio el 1 de noviembre de 1533, cuando el rector de la Universidad de La Sorbona, en París, Nicolás Corp, amigo de Calvino, pronunció un discurso en ocasión de la apertura del año académico; pero más que un discurso, fue un sermón que mostraba una clara influencia tanto de Erasmo como de Lutero. En este sermón, Nicolás Cop defendió la doctrina de la justificación por los méritos de Cristo, a la vez que protestó contra los ataques y persecuciones de que eran objeto los que disentían de la Iglesia de Roma: «Herejes, seductores, impostores malditos, así tienen la costumbre el mundo y los malvados de llamar a aquellos que pura y simplemente se esfuerzan en insinuar el evangelio en el alma de los fieles». Y luego añadió: «Ojalá podáis, en ese periodo infeliz, traer la paz a la Iglesia más bien con la palabra que con la espada».

El discurso cayó como una bomba en la universidad y en otros sectores, a tal punto que el Parlamento inició un proceso contra él. Por otra parte, comenzó a correr el rumor de que Calvino había redactado el discurso. Si Calvino no escribió el discurso, por lo menos lo influyó en tono y contenido, que era profundamente protestante.

Un mes más tarde, cuando Nicolás Cop se dirigía al Parlamento para responder el sumario que se había preparado en su contra, un amigo diputado le envió una nota advirtiéndole que debía escapar por su vida, pues el Parlamento estaba siendo presionado por la corona para que fuese condenado. Es así como Calvino y Nicolás Cop deciden escapar de París.

Calvino se instala en Basilea, Suiza, donde escribió la primera edición de “Instituciones de la religión cristiana” (1536), donde realiza una afirmación solemne de la soberanía de Dios, árbitro único de la salvación del hombre mediante la predestinación.

Un indicio de la predestinación es el éxito terrenal, que inspiró la teoría político-económica del economista y politólogo británico Adam Smith, fundamento teológico del neo-liberalismo.

En ginebra, Suiza, Guillaume Farel había logrado establecer una teocracia, después de expulsar a la Iglesia Católica. Al enterarse Farel de que Calvino en su viaje a Saboya pernoctaba en Ginebra, lo visitó donde éste se hospedaba y lo convenció de que permaneciese en Ginebra para realizar la obra que Farel reconocía superior a sus fuerzas. Calvino, de 26 años, era ya reconocido en toda Europa por su obra recién publicada y que trataba sobre el asentamiento institucional del cristianismo reformado.

A finales de septiembre de 1536 ambos viajaron a la ciudad de participar en un debate auspiciado por la ciudad de Berna, con el propósito de decidir cuál religión habría de predominar en los territorios circundantes que Berna había conquistado del Duque. Viret y Farel serían los exponentes del lado protestante (se suponía que Calvino no tomaría parte activa en la discusión); y de los 174 sacerdotes que aceptaron la invitación del lado Católico, sólo 4 de ellos participaron en el debate.

La catedral de Lausana se abarrotó de personas. Cinco diputados de Berna acudieron para darle un carácter oficial al asunto; también contaban con secretarios que debían copiar la discusión palabra por palabra. Farel fue el primero en hablar; durante una semana presentó diez tesis que eran rebatidas por el lado católico, quienes acusaron a los protestantes de ignorar la tradición de los primeros padres de la iglesia sobre el asunto de la presencia de Cristo en la Eucaristía. «Si conocieráis lo que los padres dijeron, veríais que vuestra posición es falsa y condenada». Calvino se sintió exasperado por esa declaración.

Las horas que había pasado estudiando los primeros padres de la iglesia, cuando era estudiante en París, le fueron de gran ayuda. Se levantó y empezó a refutar al orador católico. Con asombrosa memoria empezó a citar a Cripiano, Tertuliano, Crisóstomo, Agustín y muchos otros. Y no se limitaba a mencionar el autor, sino que Calvino identificaba y citaba el libro y el capítulo en el cual el Padre de la Iglesia había escrito sobre tal tema. Argumentaba de una forma intachable. Cuando terminó, la multitud estaba muy excitada. El pueblo se apretujaba y aclamaba con entusiasmo al joven orador desconocido.

En 1538 fue expulsado por los patriarcas de la ciudad, cuando junto con Farel buscaban imponer acciones más participativas de los creyentes, pero también propugnaban por la excomunión de quienes no practicasen los ordenamientos que planteaban.

Los magistrados se resistían a «cambiar lo que ellos consideraban como tiranía clerical católica por un nuevo yugo protestante». Calvino, por su parte, se sentía cada vez más decepcionado por el estado moral del pueblo. La tensión llegó a tal punto que el Consejo de la ciudad ordenó a Farel y a Calvino que dejasen de predicar; pero ambos desobedecieron la orden y se negaron a administrar el sacramento, por lo que el Consejo decidió expulsarlos de Ginebra. Y fue así como, el 25 de abril de 1538, Calvino y Farel abandonaron la ciudad.

Calvino se asentó en Estrasburgo, como pastor de una iglesia de refugiados franceses. Allí se dedicó a escribir, componiendo un himnario con 18 salmos, el credo apostólico con música, 17 capítulos de su libro La Institución de la Religión Cristiana, un estudio sobre la Carta a los romanos, entre otros. El francés que usó en su segunda edición de sus Instituciones fue hermoso y pulido, tanto que Calvino ha venido a ser conocido posteriormente como padre del francés moderno, del mismo modo que Lutero por su traducción de la Biblia ha sido llamado padre del alemán moderno.

Regresó a Ginebra el 13 de septiembre de 1541, cuando el consejo de la ciudad instituyó el orden eclesial perfilado en sus: “Ordenanzas eclesiásticas”, donde, entre otros temas, se imponía una estricta moral sexual y la abolición de la “superstición” católica. Durante este tiempo un hombre llamado Denis Raquenier comenzó a tomar notas de los sermones de Calvino en taquigrafía; su labor fue tan precisa y completa (casi no dejaba escapar palabra), que logró recopilar una inmensa cantidad de sus sermones.

Calvino aprobó el arresto y condena a la hoguera por herejía al médico y teólogo reformador español Miguel Servet, uno de los precursores de las circulación sanguínea pulmonar.

En 1555, Calvino había logrado establecer una teocracia en Ginebra, donde sirvió como pastor y dirigió la Academia de Ginebra, además de escribir sermones, comentarios bíblicos y cartas que forman la base del calvinismo.

En Ginebra, precisamente, falleció el 27 de mayo de 1564.

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