Lo que se ve y lo que no se ve

Educación después de la guerra, Ahmad Jalil, 15 años, Pakistán 2013


Manuel Martínez Morales

Siempre que pienso en alguna cosa, la traiciono.

Sólo teniéndola ante mí debo pensar en ella.

No pensando, sino viendo,

No con el pensamiento, sino con los ojos.

 

Una cosa que es visible existe para ser vista,

Y lo que existe para los ojos no tiene que existir para

            el pensamiento;

Sólo existe verdaderamente para el pensamiento y no

            para los ojos.

Miro y las cosas existen.

Pienso y existo sólo yo.

A. Caeiro

 

Claude Fredéric Bastiat (1801–1850) fue un escritor, legislador y economista francés al que se considera uno de los mejores divulgadores del liberalismo; fue un entusiasta del libre comercio y del pacifismo.

Posiblemente la idea de Bastiat más conocida es la que explicó con la falacia de la ventana rota -en su ensayo “Lo que se ve y lo que no se ve”- y que consiste en que para determinar si una medida es buena o mala, han de mirarse sus consecuencias a largo plazo para toda la población, y no sólo las que tienen lugar a corto plazo para una parte de la misma. La falacia consiste en pensar que un niño que rompe jugando el vidrio de una tienda está realizando una acción buena para la economía, pues el dueño de la misma deberá gastarse un dinero en reemplazarlo, dando empleo al cristalero, el cual a su vez con el dinero recibido dará empleo a otros, etc. Sin embargo, esa línea de pensamiento no tiene en cuenta que, de no haber tenido el cristal roto, el tendero hubiese gastado su dinero en otra cosa, con lo que al final habría servido para dar empleo a otros que, además, habrían producido cosas nuevas y no una reconstrucción de algo que ya había antes. Esta falacia se ha repetido después en los economistas que consideran que una guerra es buena para la economía de un país.

En la esfera económica –sostiene Bastiat- un acto, una costumbre, una institución, una ley no engendran un solo efecto, sino una serie de ellos. De estos efectos, el primero es sólo el más inmediato; se manifiesta simultáneamente con la causa, se ve. Los otros aparecen sucesivamente, no se ven; bastante es si los prevemos.

La diferencia entre un mal y un buen economista es ésta: uno se limita al efecto visible; el otro tiene en cuenta el efecto que se ve y los que hay que prever. Así, el mal economista persigue un beneficio inmediato que será seguido de un gran mal en el futuro, mientras que el verdadero economista persigue un gran bien para el futuro, aún a riesgo de un pequeño mal presente.

A menudo, cuanto más agradable es el primer fruto de una costumbre, más amargos son los siguientes. Por ejemplo: la corrupción, la pereza, el prodigarse. En cuanto un hombre, impresionado por el efecto de “lo que se ve”, no habiendo aprendido aún a comprender “lo que no se ve”, se abandona a sus funestas costumbres, no sólo por rutina, sino por cálculo (su propio beneficio).

Esto que vale para la economía también es cierto en otros dominios del quehacer humano, como la ciencia. En virtud de que los efectos derivados de los resultados de una investigación no son siempre evidentes en el corto plazo, es decir “no se ven”, se regatean los recursos para el desarrollo científico bajo el argumento de que se requieren resultados inmediatos, “lo que se ve”.

Sin duda la educación y la ciencia deben ser una política de Estado independientemente de partidos, personalidades e ideologías que gobiernen. Un país sin ciencia es un país sin influencia, afirma el científico español Miguel Ángel Alario y Franco, catedrático de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Complutense de Madrid, distinguido hace algunos años con el Premio México en Ciencia y Tecnología.

Un país que apuesta por la ciencia, continúa el científico español, es capaz de obtener ganancias económicas hasta de un kilo de arena: “Si usted va al campo y coge un kilo de arena, ésta no cuesta nada. Sin embargo, si la procesa para obtener silicio puro y cristalino –necesario para el funcionamiento de transistores y circuitos– un kilo de ese material puede costar hasta 50 mil dólares. Eso es valor añadido”.

Lo que no se ve (ganancias económicas futuras) es consecuencia de lo que se ve (un kilo de arena sin valor aparente), y resulta difícil –para los malos economistas, diría Bastiat- ver la relación.

Alario menciona que es increíble que México exporte petróleo e importe gasolina: Su país tendría que estar exportando ese combustible, señaló el investigador. En el caso del petróleo y su manejo, digo yo, no es que no se vea la ventaja de producir gasolina, sino que la oligarquía gobernante no piensa en los beneficios para la población general, sino que prefiere lo inmediato, lo que se ve y se palpa: enriquecerse con la corrupción.

Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.

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