Padre Buenaventura Suárez

Padre Buenaventura Suárez


Buenaventura Suárez Garay, fue un sacerdote jesuita pionero de la astronomía en América del Sur.

Su trabajo fue tan de pionero, que incluso construyó su observatorio con palos, madera, metales y cristales de roca, fáciles de encontrar en los yacimientos cercanos, en plena selva guaraní, en el actual Paraguay.

Su fecha de nacimiento es imprecisa, al ubicarla algunos historiadores el 3 de septiembre de 1679, en Santa Fé, Capital, hoy Argentina, considerada como la oficial, mientras otros la colocan el 14 de julio de 1679.

Buenaventura Suárez era descendiente directo por línea materna del conquistador español Juan de Garay: María Garay, su madre, era sobrina de Juan de Garay, quien fundó precisamente la ciudad de Santa Fe en 1573.

Tenía sólo 16 años cuando ingresó a la Compañía de Jesús; sus estudios los cursó en la Universidad de Córdoba (hoy Argentina) y en 1706 lo enviaron como misionero a las reducciones de San Cosme, hoy Itapúa, Paraguay.

Ahí, con los materiales de la zona y ayudado por los indígenas construyó un telescopio, un cuadrante astronómico y un reloj astronómico que, aunque rudimentarios, eran exactos en su funcionamiento. Fueron los primeros instrumentos astronómicos construidos en América.

Incluso una leyenda cuenta que los binoculares fueron un invento de los guaraníes, que en sus tiempos libres los usaban para observar a los animales del bosque.

Con ellos empezó sus trabajos de observación astronómica, sobre el Sol, la Luna y los planetas, los cuales fue apuntando de manera minuciosa y metódica.

Al mejorar su técnica para la construcción de telescopios, los elaboró hasta de 23 pulgadas, los cuales le sirvieron para analizar a fondo el comportamiento de los satélites de Júpiter, a los que escudriñó durante 13 años.

Sus notas y observaciones las mandó a Europa, en un momento fortuito en el que los astrónomos de ese continente intentaban determinar sus períodos e itinerarios.

Sus observaciones fueron publicadas en prestigiosas revistas europeas tales como las Transacciones de la Real Sociedad y el Acta de la Real Sociedad Científica de Upsala.

La difusión de sus resultados además de darle fama al Padre Buenaventura Suárez, también atrajo la atención de las fuerzas económicas del viejo continente hacia la misión de San Cosme.

Sus observaciones le permitieron elaborar sus calendarios, sus mapas celestes y su obra principal \’El Lunario del Siglo\’, en el cual predecía los fenómenos astrales a suceder, con el cual determinaba la fecha exacta de los eclipses avizorados por un observador desde tierra misionera entre 1740 y 1840, detallando los movimientos del astro rey y nuestro satélite natural con asombrosa precisión, lo mismo sus conjunciones, oposiciones y cuartos. Fue una obra de más de 200 páginas, escrita a partir de 1720, cuyas cinco ediciones datan de 1740 (Reducción de La Candelaria), 1743 (Lisboa), 1748 (Lisboa), 1752 (Barcelona) y 1762 (Quito).

Fue hasta 1745 que le llegaron, procedentes de Europa, equipos astronómicos, con los que realizó mejores observaciones, por ser de mayor calidad que los por él manufacturados.

También publicó Curso de los planetas, Tablas astronómicas y Anuario.

Además del informe científico, el jesuita además redactó éstos trabajos en un lenguaje sencillo, para que todo el mundo pudiera entenderlo.

Fallecería en Uruguay, en servicio de su actividad sacerdotal, luego de 34 años de vivencias, estudios y trabajos en las Misiones Paraguayas. Además de San Cosme y Damián también fue misionero en Apóstoles, Santa María la Mayor, La Candelaria, Mártires y las ciudades de Asunción y Corrientes, donde celebró misa, confesó, enseñó, impartió los santos sacramentos y hasta ejerció la medicina –la cual sí conocía- a favor de sus feligreses.

Lo versátil de su obra también incluyó el fabricar globos terráqueos y celestes, construir un reloj solar e instrumentos de medición, efectuar pronósticos meteorológicos, elaborar un calendario y confeccionar un herbario, clasificando las diversas especies de la región. La fabricación de los objetos astronómicos, como sus telescopios, se el dio porque además conocía el arte de fundir y manufacturar metales para la fabricación de campanas.

El Centro Astronómico \’Padre Buenaventura Suarez Garay\’ se encuentra hoy en Itapúa, en la misma San Cosme y Damián en donde realizó su prodigiosa y pionera labor científica del continente junto a sus hermanos jesuitas y los incomparables guaraníes.

Murió –según la fecha oficial- el 24 de agosto de 1750, en Uruguay, en el territorio de la Banda Oriental.

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