El fenómeno conocido como cambio climático generalmente se entiende como la modificación del clima que ha tenido lugar respecto de su historial a escala regional y global. Por lo común, se trata de cambios de orden natural pero, actualmente, lo que se conoce como cambio climático global es atribuido a la propia actividad humana sobre el planeta.

            El cambio climático global fue advertido por científicos hace algunas décadas y su manifestación más evidente es la elevación de la temperatura en las aguas oceánicas, y el cambio  en los patrones climáticos regionales. Los climatólogos han previsto que, por ejemplo, aumente la frecuencia e intensidad de los ciclones.

            Pero tales cambios se producen a muy diversas escalas de tiempo y sobre todos los parámetros meteorológicos: temperatura, presión atmosférica, precipitaciones, nubosidad, etcétera, En teoría, son debidos tanto a causas naturales  como antropogénicas. El término suele usarse de manera poco apropiada, para hacer referencia tan sólo a los cambios climáticos que suceden en el presente, utilizándolo como sinónimo de calentamiento global. La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático usa el término «cambio climático» solo para referirse al cambio por causas humanas.

            El cambio climático también ha inspirado a algunos científicos –cómo el doctor en física José Leonel Torres- a escribir poesía. No es para menos, ni para más, en su justa medida:

Un aleteo de mariposa/

en el umbral del genio/ 

desata la borrasca, quebranta las cadenas/

del espíritu. Se torna el universo transparente/ 

y nos revela el núcleo de las cosas./

Todo embona. Se ilumina el escenario,/

despiertan las reliquias de Odiseo, preparan su herramienta los poetas/

y recorren el campo las valquirias.

            José Leonel Torres (San Andrés Tuxtla) es doctor en física por la Universidad de California, Berkeley; investigador en el Instituto de Ecología situado en las afueras de Xalapa. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores y ganador del Premio de Ensayo 1987 de la revista Plural.

            Ha publicado numerosos ensayos científicos y ecológicos en la prensa nacional y estatal y los libros Holograma (Tierra Adentro, 1993), Cono de sombra (Siglo XXI, 1997), En el nombre de Darwin (FCE, 1995 y 2004), Física en contexto (Editorial Trillas, 2003), Pulso ecológico (SEC-Veracruz, 2007) y Calentamiento global (Ed. Praxis, 2008).

            De este último libro, este fragmento:

La tentación es volar sin alas,/

el acertijo es cerrar mi ciclo, contigo,/

como empalma una concha sus espirales,/

como duerme la víbora cascabel./

La tentación es alzar el vuelo,/

como una nube, sobre tus montes nevados,/

dejar atrás las constelaciones/

y naufragar en la oscuridad.

            Aunque había leído sus ensayos de divulgación científica, conocí personalmente a José Leonel hasta hace aproximadamente un año, en las sesiones mensuales del colectivo [email protected] a la Poesía, donde él en varias ocasiones ha compartido con nosotros su trabajo poético.

            En Calentamiento global, José Leonel también poetiza sobre la ciencia y los científicos con admirable profundidad; por ejemplo, en el breve poema Einstein:

Leer poco y pensar mucho/

es la cuestión,/

y la distancia de Einstein/

a una piedra.

            O considere este otro, dedicado al matemático Evariste Galois, muerto a una edad temprana y quien revolucionó la matemática moderna:

Un matemático puro/

en el infierno./

Teoría de nudos./

Los axiomas de Euclides/

no saben del bien/

ni del mal.

Hace varios siglos cuando Isaac Newton dio a conocer sus trabajos científicos sobre la gravitación y los que realizó en el campo de la óptica, hubo una reacción un tanto negativa de algunos sectores, en particular de algunos literatos. Ya que Newton había demostrado, a partir de sus experimentos con prismas, que la luz blanca se descompone en los colores del arco iris, el poeta John Keats proclamó indignado que la ciencia estaba destruyendo la poesía, el lado amable de la vida, en fin que Newton había destruido toda la poesía del arco iris al reducirlo a los colores prismáticos.

Quienes así ven las cosas, olvidan que tanto el arte como la ciencia tienen el mismo origen: la creatividad, nacida del asombro ante el mundo. Han sido muchos los científicos, matemáticos, escritores y artistas que han considerado el asunto y se han propuesto reducir el abismo entre las dos culturas.

De José Leonel, Turing:

Amó a sus semejantes./

Bocadillos nocturnos./

Pan de muertos./

A falta de Adonis,/

Turing retorna a Calibán/

con idéntico esmero./

Sale a la calle buscando amor/

de caníbales.

Contradictoria puede parecer la poesía de Torres. Contradictoria, sí: una poesía apasionadamente inteligente y, en tal medida, de una originalidad cautivadora. La pasión puede seducir; pero la inteligencia, además, sorprende.

Hay que leer a José Leonel Torres; pues seguramente se cuenta entre  quienes están convencidos que las matemáticas son la poesía de la razón, y que la poesía es la matemática del sentimiento.

Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.

[email protected]

Deja un comentario