Los objetos astronómicos suelen tener nombres ambiguos, especialmente cuando su denominación histórica fue acuñada antes de que se comprendiese su naturaleza y está basada simplemente en su apariencia física.

Un caso de nomenclatura especialmente confusa es el de las nebulosas planetarias, los restos de estrellas de masa baja a intermedia. Al contrario que las estrellas más masivas, los astros con una masa de entre 0,8 y 8 veces la de nuestro Sol no terminan sus días explotando como potentes supernovas, si no que se inflan pacíficamente, expulsando sus capas exteriores al espacio y creando nubes con formas espectaculares.

Estos restos estelares no tienen nada que ver con los planetas, pero los astrónomos del siglo XVIII las bautizaron con este engañoso nombre al descubrirlas, confundidos por su apariencia redondeada.

Y para complicar aún más el asunto, la nebulosa planetaria que se muestra en esta imagen lleva un nombre todavía más peculiar: fue bautizada con el curioso apodo de ‘Fantasma de Júpiter’, ya que abarca un arco en el firmamento del mismo tamaño que este planeta. Este objeto también se conoce por sus números de catálogo, y desde finales del siglo XIX se designa como NGC 3242.

En esta imagen se puede ver cómo los potentes vientos emitidos por la estrella moribunda – una enana blanca situada en el centro – dan forma a la estructura en doble cáscara de la nebulosa. El brillo azul que llena la burbuja interior representa las emisiones en rayos X del gas calentado a más de dos millones de grados centígrados por las ondas de choque provocadas por los fuertes vientos estelares, que alcanzan velocidades de unos 2.400 km/s con relación al gas de su entorno.

El brillo verde marca las concentraciones de gas más frío, observadas en las longitudes de onda de la luz visible gracias a las emisiones del oxígeno. Estas zonas marcan el límite de la cáscara interna, recortada sobre el gas más difuso que conforma la capa exterior. Las dos estructuras con forma de llama, representadas en color rojo por encima y por debajo de la burbuja interior, son bolsas de gas todavía más frío, visibles en el óptico a través de las emisiones del nitrógeno.

El Fantasma de Júpiter se encuentra a unos 3.000 años luz de nuestro planeta en la constelación de Hidra, la culebra de agua.

Esta imagen combina los datos recogidos en el año 2003 por el satélite europeo XMM-Newton en la banda de los rayos X (azul) con las observaciones ópticas realizadas por el Telescopio Espacial NASA/ESA Hubble (verde y rojo). Fue publicada por primera vez en la galería de imágenes de XMM-Newton.

 

(ESA)