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Ciencia y alimentos


Manuel Martínez Morales

Un pueblo civilizado, digo yo, se distingue sobre todo por la calidad de su gastronomía: variedad, refinamiento y gusto. Y, si se me permite la licencia de proponer una metáfora, diría que similarmente el desarrollo científico de un país se refleja en la variedad, refinamiento y gusto de las formas en que se comunica la ciencia, es decir, en una especie de “gastronomía científica”.

Puedo reconocer cuatro tipos principales de comidas: (1) botanas, “snacks” o tentempiés; (2) comidas rápidas (tacos, tortas, hot-dogs); (3) comidas formales (la diaria que todavía hacemos algunos mexicanos); y (4) las comidas especiales, las de las grandes ocasiones, los banquetes preparados por y para conocedores.

Las botanas corresponderían en el plano de la comunicación científica, con las “probaditas” de ciencia que se dan a través de breves notas periodísticas, conferencias de divulgación y fragmentos de información científica proporcionados por la radio y la televisión. Esta información -como las botanas- puede tomarse al vuelo y sirve para abrir el apetito o para aguantar un rato en tanto se avanza a la comida formal. Está dirigida a todo tipo de público y su elaboración es sencilla.

La comida rápida equivale a la difusión de la ciencia en revistas, libros, artículos periodísticos de fondo y programas especiales de radio y televisión, donde el tratamiento de temas científicos es más detallado, sin llegar al abuso de términos técnicos. Esta información está dirigida a un público medianamente educado pero puede consumirse como los tacos o tortas: de pie (mientras se espera en la cola de un banco), en un parque o en un autobús. Su confección y consumo son más o menos rápidos, pero tiene más cuerpo que la botana y su presentación suele ser atractiva. El estilo es ligero, sin que por ello se pierda rigor o calidad.

La clase de comunicación científica paralela a las comidas formales tiene un estilo más acabado, pues se propone calar a fondo en el estómago/mente: tiene que satisfacer necesidades nutricionales/de aprendizaje mínima. Aquí caben los libros de texto y todos los materiales en que se apoya la enseñanza de las ciencias en los distintos niveles de la educación formal.

En el plano de las delicias gastronómicas, las comidas especiales son propias de gourmets, de conocedores (no cualquiera sabe cómo preparar o como debe comerse el zacahuil o el caviar). Correspondientemente, en el plano de la comunicación científica, este nivel comprende las publicaciones técnicas, dirigidas fundamentalmente a especialistas. En la preparación de estas obras se es muy exigente en la selección de ingredientes, su combinación justa y la presentación del platillo. Sólo para la élite, sólo para conocedores (chefs y consumidores/comelones).

En el contexto de esta metáfora comida/información científica podría pensarse que un sano desarrollo de la ciencia se reflejaría en la riqueza y variedad de la información científica. Investigue someramente el lector cuantas publicaciones de cada tipo se producen en México. Le aseguro que podrían contarse con los dedos de las manos. Nuestra “gastronomía científica” es de bajo nivel, reflejando un bajo nivel de civilización

científica.

No sólo de botanas vive el hombre, pero tampoco de pura “fast food” o de banquetes diarios. Cada tipo de comida cumple una función especial. Todas, en su debido contexto, son necesarias y apreciables.

Por ello creo que es puramente retórico el llamado a vincular la investigación científica con el “ sector productivo”, ya que no existen los mecanismos ni el sustrato apropiados para sustentar una buena comunicación entre la comunidad científica y la sociedad. Es decir, la comunicación de la ciencia, en todas las variantes arriba mencionadas, es una condición necesaria -si bien no suficiente- para que los resultados de la investigación científica y tecnológica sean socializados e incorporados al aparato productivo y así surja el vínculo tan ansiosamente anhelado.

Hace falta equipar bien la cocina de la producción científica -para confeccionar algo más que chilaquiles con catsup- y poner a los cocineros y a los pinches (auxiliares de cocina) a cocinar para el pueblo.

Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.

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