Mané recuerda la vez que, hace ya bastantes años, era aquejado por una terrible gripa que no cedía ante tratamiento alguno. Aprovechando su cercanía con algunos médicos de buen calibre, se acercó a uno de ellos pidiendo para su mal remedio. El médico aquel le aconsejó lo siguiente: “Mira Mané, acércate al primer perro negro que veas y tócale la cabeza, en menos de cinco días tu gripa desaparecerá”.

-Pero Benito, y si no encuentro un perro negro, ¿qué hago?

-No te preocupes, de igual forma tu gripa desaparecerá en menos de cinco días.

Si en aquella ocasión Mané hubiera tocado la cabeza del perro negro, seguramente lo hubiera seguido haciendo cada vez que la gripa lo aporreara y habría recomendado el remedio a parientes y amigos pues, ignorante en aquel tiempo de los procedimientos de observación y verificación experimental empleados por la ciencia, habría creído que una golondrina hace verano.

También inquieta a Mané el recuerdo de aquella otra ocasión en que, por la mañana, encontró sus zapatos tenis colocados en una posición incorrecta, es decir el zapato izquierdo en el lugar del zapato derecho y viceversa, modificando el orden en que él siempre los colocaba antes de irse a dormir. Ese día, presa del sobresalto por tan perturbador acontecimiento, Mané enfrentó varios contratiempos que sin dudarlo atribuyó a esa violación del orden natural de las cosas: el zapato derecho debe ocupar siempre el lado derecho y el izquierdo el lado opuesto. Desde entonces Mané se asegura que los zapatos ocupen siempre el lugar debido, aunque ya no asocia las peripecias del día con la errónea colocación del calzado.

Tiempo después  de que Mané aprendió las técnicas estadísticas del diseño experimental y  tuvo la ocasión de aplicarlas, estuvo en condiciones de someter a prueba algunas de sus creencias favoritas, como las de las predicciones del horóscopo, las posibilidades de  comunicación telepática con su esposa o el método diseñado con sus amigos en el café para ganar en el sorteo Melate. Cabe apuntar que si bien en algunos casos el pronóstico del horóscopo se había cumplido (hoy te sucederá algo inesperado: olvidó su cartera en casa),  o había señales de que establecía comunicación telepática con su esposa (¡estás lavando los trastes mi amor, me leíste el pensamiento!), o que alguien en el café ganara 500 pesos en el Melate, Mané, provisto de los instrumentos estadísticos que tanto trabajo le había costado dominar, realizó algunas pruebas elementales que demostraron que no había suficiente evidencia en esos casos para sostener que  lo observado en cada uno de éstos  no había sido producto del azar, de la casualidad, y que no había nexo causal alguno entre la posición de los astros y el olvido de la cartera,  entre la premonición de su esposa y el (obligatorio) lavado de platos, ni entre los sofisticados cálculos realizados por sus amigos en el café y la obtención de un premio por alguno de ellos.

-Elemental, mi querido Mané- afirmó con suficiencia el profe Malacates,  asegurar que existe una relación  causal entre dos eventos no es una tarea fácil, pero tampoco es cosa del otro mundo. Precisamente, la ciencia moderna se ha orientado al desarrollo de métodos para asegurar al menos la probabilidad de que tal nexo tenga lugar. Has de saber que la estadística moderna, desarrollada esencialmente durante el último siglo, nos proporciona los métodos para tal fin. Y no es que constituya una herramienta infalible, pero al menos nos da los medios para averiguar si una hipótesis es consistente con respecto a cierta evidencia (datos observacionales o experimentales) o si requerimos de más evidencia para poder refutarla. Ahora bien, los datos deben ser obtenidos de acuerdo a ciertas reglas metodológicas (mediante muestreo estadístico o un buen diseño experimental) para que pueda verificarse alguna hipótesis, y esta última debe ser debidamente enunciada. Y la estadística y la metodología científica nos enseñan que una golondrina no hace verano.

-Oiga profe, ¿ya vio usted el video “El Secreto”?

-¿A poco ya filmas videos caseros Mané?

-No profe, es un video en el cual se muestran las potencialidades de mentalizarse como triunfador, que tiene que ver con algo llamado programación neurolingüística como anuncian en el changarro aquí a la vuelta, junto a la taquería.

-Por favor Mané, la programación neurolingüística es algo serio que no debes confundir, ni mucho menos, con los tacos de lengua. Pon atención: según otro video titulado “Cuestión de Suerte” se muestra al mago mentalista Darren Brown realizando un experimento en un pequeño pueblo para analizar el poder de la programación mental de sus habitantes para determinar “su suerte”. En el pueblo fue colocada la estatua de un perro y se lanzó el rumor de que tocando su cabeza se obtenía buena suerte. Como imaginarás, la reacción colectiva no tardó en llegar, y después de unos días se comprobó el cambio de “suerte” en personas que nunca habían tenido éxito. ¿Qué dices a esto Mané?

-No crea que me voy por las ramas profe si uso como ilustración de mi pensamiento algo que ocurrió hace tiempo. Fíjese que cerca de Coatzacoalcos naufragó un barco en el cual se transportaban alrededor de 50 personas. Después de varios días de búsqueda las embarcaciones de rescate encontraron a 8 náufragos que se encontraban al borde la muerte, sobreviviendo en una balsa salvavidas. Después de ponerlos a salvo se les preguntó que cómo habían sobrevivido tantos días sin alimento ni agua, y coincidieron en responder que había sido gracias a sus plegarias que Dios había escuchado. Y, desde luego, que todos estuvieron de acuerdo en que se trató de un verdadero milagro. Algún estudioso de hoy bien podría decir que los sobrevivientes se “mentalizaron” y que, gracias a la neurolingüística, su “suerte” cambió y sobrevivieron.

-Muy bien Mané, eso es otra evidencia de que la capacidad de mentalizarse funciona.

-No se me acelere profe, porque está ausente un dato sustancial (al igual que en el caso de los que sobaron la cabeza de la estatua del perro), ¿Qué pasó con los que se ahogaron? ¿Cuántos de estos también rogaron a Dios por sus vidas sin éxito alguno? ¿No les funcionó la mentalización? Nunca lo sabremos, verdad profe, y por tanto no hay con que comparar el grupo de los que se salvaron,  lo que en términos científicos se llama un grupo control. Igualmente, lo afirmado por el mago mentalista sobre la suerte cambiante de quienes sobaron la cabeza a la estatua del perro es algo que no puede verificarse si es verdadero, ya que no se sabe como fue la suerte de aquellos que no tocaron la cabeza de la estatua. Ni tampoco hay registro de cómo era la suerte de quien toco la susodicha cabeza antes de hacerlo, como para afirmar rigurosamente que su “suerte” cambió después de la sobada.

Además acuérdese profe de lo que los médicos llaman el efecto placebo: administran al paciente una tableta de azúcar (placebo) diciéndole que es un medicamento efectivo contra su malestar, y sucede que muchos pacientes mejoran con la tableta de azúcar; como el remedio para la gripa que me dio el médico aquel, de tocar la cabeza de un perro negro. De hecho, para probar la efectividad de un fármaco es frecuente que se compare su efecto con el de un  placebo. Todo bajo un riguroso protocolo experimental

-Entonces Mané, tu que dizque eres muy científico, por qué sigues asegurándote por las noches que tus zapatos estén correctamente colocados uno al lado del otro y cuando no es así, temes que al día siguiente te ocurra algún inconveniente, como que se descubra tu oculta afición a ver series de televisión gringas y por demás chafas.

-Por favor profe, no confunda la gimnasia con la magnesia y entienda bien que yo puedo tener las creencias que quiera, pero proclamar que mis creencias u ocurrencias -como la de la sirena en pantaletas que imaginé ver en la Laguna de Alvarado- tienen status científico, eso si que sería un abuso. Aunque a veces, después de unos tragos, me gusta vacilar al Sidonio en la cantina con esos cuentos, igualito que hacen algunos de sus colegas sin recato alguno en las sagradas aulas de ilustres centros educativos. Eso si que es grave pues se incurre en un discurso y una práctica pseudocientíficas que confunden y engañan a quien no está familiarizado con los métodos de las ciencias.

Y por si no sabe lo que es la pseudociencia lo remito a la Wikipedia que imagino está a su alcance, pues su consulta es gratuita. Según esto, la pseudociencia o seudociencia (‘falsa ciencia’) es aquella afirmación, creencia o práctica que, no obstante a presentarse como científica, no cumple con un método científico válido, carece de respaldo de evidencias científicas o plausibilidad, no puede ser comprobada de forma fiable o carece de estatus científico. A menudo se caracteriza por el uso de afirmaciones vagas, contradictorias, exageradas y con una dependencia excesiva a la confirmación en lugar de pruebas rigurosos de refutación, poca o nula disposición a evaluaciones externas por otros expertos y en general una ausencia de procedimientos sistemáticos para el desarrollo racional de teorías. El término pseudocientífico a menudo se le considera inherentemente peyorativo, debido a que sugiere que algo es presentado vaga o incluso embusteramente como ciencia, cuando no lo es. En consecuencia, aquellas prácticas y defensores categorizados como tales usualmente rechazan esta etiqueta.

-Creo que ya estoy cactando Mané, eso de la seudociencia  es como cuando vas al mercado buscando árnica para el dolor de huesos y el hierbero se mentaliza y saca de abajo del mostrador la potente y única pomada de árnica con aceite de víbora de cascabel que tenía reservada precisamente para tí, y a un precio especial. No vayas a negar que, a pesar de toda tu ciencia, caíste Mané. Yo mismo he visto esa pomada sobre tu buró, junto a la estampita de San Judas Tadeo, patrono de las causas perdidas.

-Ya párele profe, yo no creo en esas cosas pero, quien sabe por qué, viera que funcionan.

Deja un comentario