Para el escritor mexicano Gabriel Zaid, la lectura no es un mero escalón en el proceso de ascenso profesional y burocrático, ni una simple acumulación de saberes, sino que es un acto de comunión que vincula al lector consigo mismo y con los otros, que contribuye a enriquecer la realidad con nuevas conexiones imaginativas y emocionales[1].

Esta aseveración, a la que refiere su obra Leer (México, Océano 2012), coincide con la visión del escritor y político irlandés Edmund Burke, quien dijo que “Leer sin reflexionar es igual a comer sin digerir” y con la postura del filósofo, teólogo y apologista español Jaime Luciano Balmes, quien afirmó que “la lectura es como el alimento; el provecho no está en proporción de lo que se come, sino de lo que se digiere”.

Con estas analogías, podría decirse que México presenta una deficiencia nutrimental por su indigencia de pensamientos debido a su escaso consumo de literatura, pues de acuerdo con la última Encuesta Nacional de Lectura, el país tuvo un rezago en el último sexenio en lectura de libros, ya que apenas aumentó 0.4 por ciento, de 2.5 a 2.9, lo que significa que, en promedio, los mexicanos no lograron leer ni siquiera tres libros por año en los últimos seis[2].

El Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, fue más allá al aseverar que una persona que no lee, o lee poco, o lee basura, puede hablar mucho, pero dirá siempre pocas cosas porque dispone de un repertorio mínimo de vocablos para expresarse” y añade que una comunidad sin literatura no sólo tiene carencia para trasmitir sus ideas, sino también para generarlas, ya que su conocimiento es diezmado, mínimo en todas sus vertientes[3].

Jorge Luis Borges decía que de todos los instrumentos creados por el hombre, el más asombroso es el libro, porque es “una extensión de la memoria y de la imaginación”. No obstante, México, según los datos de la encuesta, vive en rezago literario, lo que también significa rezago cultural, y lo hace por voluntad propia, aunque también, como lo expuso el secretario de Educación de Guadalajara, Rodolfo Tuirán, la marginación académica, la desigualdad y la pobreza, que afecta a más de la mitad del país, “conspiran contra la promoción de la lectura”[4].

En México, dice, alrededor de la mitad de la población de 12 años o más tiene capacidades limitadas para leer y sólo entiende algo, poco o simplemente nada de lo que lee, “si no se entiende, no le dan ganas a uno de leer; si no lee, tiene problemas en la escuela, porque tiene problemas para adquirir conocimientos o entenderlos”.

Los datos no son alentadores si se compara con Noruega, donde leen, y comprenden, 19 libros al año, por 15 de Alemania, 8.5 de Portugal y 7.7 de España.

En ese panorama, una reforma educativa que realmente promueva la mejoría académica de los niños y jovenes es más que necesaria, de querer convertir en realidad el sueño de que México puede ser una gran potencia en el futuro.



[1] El Laberinto, Nún 499, Leer, Pág. 3 González Torres, Armando

[2] http://www.eluniversal.com.mx/cultura/70427.html

[3] Vargas Llosa, Mario. Un Mundo sin novelas, Reader’s Digest. Octubre 2001, tomo CXXII, num 731, pág 79

[4] http://www.jornada.unam.mx/2012/02/22/sociedad/041n1soc

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