“Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.”

1ª Timoteo 6:7

 

“Porque si el árbol fuese cortado, aún queda de él esperanza; retoñecerá aún, y sus renuevos no faltarán. Si se envejeciere en la tierra su raíz, y su tronco fuese muerto en el polvo, al percibir el agua reverdecerá, y hará copa como planta.

Mas el hombre morirá y será cortado. Y perecerá el hombre ¿y dónde estará él?”[1].

La declaración anterior forma parte del libro de Job, que integra el Antiguo Testamento de la Biblia, escrito entre los siglos X y VIII antes de Cristo, en el cual, el personaje ahonda sobre la mayor incertidumbres del hombre, la vida después de la muerte

De acuerdo con la Biblia, al momento de fallecer, el alma se desprenderá del cuerpo y será enviada a su destino final, cielo o infierno, donde pasará la eternidad. Este destino, dice la Sagrada Escritura, será condicionado por su fe. Por su parte, el habitáculo que albergó su vida durante su estancia terrenal volverá al polvo, “porque polvo eres y al polvo volverás”[2], dijo Dios a Adán al momento de ser desterrado del Jardín del Edén.

Sin embargo, otros analistas que no creen en la doctrina bíblica también predican su postura  sobre el cielo y el infierno, o, sobre los lugares a donde irán a parar las almas tras expirar. En su libro Vida después de la muerte, el doctor en filosofía y psiquiatría Raymond Moody expone lo siguiente: “La gente dice que abandona su cuerpo, que lo ven desde arriba, que va por una especie de pasillo, llega a una luz brillante, en la que siente compasión y amor absolutos, que amigos y familiares que han muerto la esperan, y tiene un recuerdo panorámico en el que ve toda su vida; y todo eso sucede al mismo tiempo y de forma instantánea. Y ahora sabemos que esa pauta también la han seguido personas al cuidado de moribundos”[3].

Moody, que descarta tener una afinidad religiosa, revela que existen personas que en vez de ascender a la luz, descienden a las tinieblas: “A veces hay experiencias negativas, el problema es que son muy difíciles de estudiar porque son pocas. Según la encuesta Gallup de 1982 sobre las experiencias cercanas a la muerte, de ocho millones de norteamericanos que declaraban haber tenido esta experiencia, solo para el 3 por ciento fue negativa, y todas variadas, así que no es posible establecer un patrón como en las positivas. Además, el que la sufre no está tan dispuesto a contarla”[4].

En un artículo del diario español El confidencial, el neurocirujano de la Universidad de Harvard, Eben Alexander relata su experiencia en un presunto viaje a otra vida: “He estado sumido en un profundo coma durante una semana en el que viajé a otra dimensión del universo; una dimensión que nunca antes pude llegar a soñar que existiese”[5].

El cirujano norteamericano describe su visita al cielo como “una aventura que comenzó en un lugar espacial, más alto que las nubes. Allí había criaturas muy diferentes a las que hay en la tierra, pájaros y ángeles que, sencillamente, eran formas superiores”.

Alexander compara los fuertes sonidos que emitían estas criaturas con “unos cantos gloriosos, que más tarde entendí como gritos de alegría”. Su viaje se produjo rodeado de millones de mariposas y una mujer, al modo de un ángel de la guarda, que le repitió tres mensajes concretos en un idioma desconocido pero entendible para el neurocirujano en aquellos momentos: “Sois amados y respetados, os querremos para siempre”, “no tienes nada que temer” y “no hay nada por lo que puedas hacer el mal”. Esta mujer también le prometió que le enseñaría muchas cosas de ese nuevo mundo, pero que inevitablemente debía volver a la tierra.

No obstante, estas descripciones son definidas por teóricos contrarios a la vida después de la muerte como una antigua práctica de religiones asiáticas, conocida como proyección o desdoblamiento astral. En la época contemporánea se les llama Viajes Astrales, que es la acción de manipular el espíritu para que éste se desplace libremente, o “viaje” sin tener que sufrir las barreras físicas impuestas al cuerpo.

En contraste con estas posturas, Lucas 16:26 dice: “Una grande sima está constituida entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá”[6], con lo que descarta el regreso de personas al espacio terrenal después de fallecer.

La rencarnación

La creencia de que un difunto volverá a vivir o aparecer con otro cuerpo es una de las más antiguas de la humanidad. Principalmente, forma parte del credo de las religiones egipcia, griega, hinduista y budista, así como de africanas y tribales de América y Oceanía.

Incluso, investigadores han buscado un fundamento científico, tal es el caso del siquiatra Ian Stevenson, de la Universidad de Virginia, quien  supuestamente ha investigado numerosos casos de niños que afirmaban recordar una vida pasada. Stevenson documentaba metódicamente las declaraciones de cada infante, y posteriormente encontraba la identidad de la persona fallecida[7].

Cita con la muerte

Un antiguo cuento oriental, del cual se desconoce su autor y en su traducción al español fue titulado Cita con la Muerte o Cita en Samarra, expone la llegada de la muerte, a la cual, por más que se busque evadirla,  llegará en el momento que lo tenga indicado.

A continuación se expone el texto de manera integra:

“Vivía en Bagdad un comerciante llamado Zaguir. Hombre culto y juicioso, tenía un joven sirviente, Ahmed, a quien apreciaba mucho.

Un día, mientras Ahmed paseaba por el mercado de tenderete en tenderete, se encontró con la Muerte que le miraba con una mueca extraña. Asustado, echó a correr y no se detuvo hasta llegar a casa. Una vez allí le contó a su señor lo ocurrido y le pidió un caballo diciendo que se iría a Samarra, donde tenia unos parientes, para de ese modo escapar de la Muerte.

Zaguir no tuvo inconveniente en prestarle el caballo más veloz de su cuadra y se despidió diciéndole que si forzaba un poco la montura podría llegar a Samarra esa misma noche.

Cuando Ahmed se hubo marchado, Zaguir se dirigió al mercado y al poco rato encontró a la muerte paseando por los bazares.

– ¿Por qué has asustado a mi sirviente? – preguntó a la Muerte-. Tarde o temprano te lo vas a llevar, déjalo tranquilo mientras tanto.

– No era mi intención asustarlo – se excusó ella – pero no pude ocultar la sorpresa que me causó verlo aquí, pues esta noche tengo una cita con él en Samarra”.

 



[1] Biblia, Reyna-Valera 1909 Broadman & Holman Publishers. Job Cap. 4, Ver. 7:10

[2] Biblia, Reyna-Valera 1909 Broadman & Holman Publishers. Génesis Cap. 3, Ver. 19

[4] Ibídem

[6] Biblia Reyna-Valera 1909 Broadman & Holman Publishers. Lucas Cap. 16, Ver. 16

[7]  Cadoret, Remi. Book Review: European Cases of the Reincarnation Type The American Journal of Psychiatry, Abril 2005.

 

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