El plagio, según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), es la acción de copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias.

En el ámbito legal, se considera un delito contra la propiedad intelectual[1]; sin embargo, existe una corriente que afirma que la apropiación de ideas ajenas es un acto recurrente en la producción artística, pues el campo interactivo que conforma la realidad de cada individuo está influenciado por diferentes referencias que van desde el peso de la historia, la cultura y las filias, hasta la profesión religiosa.

En síntesis, postulan que no existe la originalidad, ya que para ellos, cada creación es volver sobre los pasos dados por sus antecesores. Utilizando esta analogía podría decirse que es el resultado de recorrer distintos caminos, pero todos ellos, ya descubiertos y descritos con diferentes formas de discurso.

En los últimos meses, en México, la deliberación del jurado del premio de Literatura en Lenguas Romances 2012 de la FIL, que decidió galardonar al peruano Alfredo Bryce Echenique,  ha causado indignación entre la comunidad de escritores. Ya que el autor de Un mundo para Julius, “robó al menos 16 trabajos ” de diferentes medios impresos.

En su artículo La ética de un oficio[2], publicada en Reforma el 19 de octubre de 2012, el escritor mexicano Juan Villoro opinó al respecto: “El plagio es el equivalente literario del dopaje deportivo o la negligencia médica. ¿Merece el Balón de Oro un futbolista que ganó el Mundial pero en otros 16 partidos dio positivo por dopaje? ¿Merece ser Médico del Año alguien que inventó una vacuna pero perjudicó a 16 pacientes? Por supuesto que no”, sentenció, al tiempo que hizo un llamado a los organizadores de la FIL para no entregar la distinción.

En su ensayo Contra la originalidad, Jonathan Lethem afirma que el arte no es más que una apropiación e interpretación de manifestaciones anteriores, y que la absoluta originalidad, como tal, no existe[3].

Lethem, dicen los poetas Vivian Abenshushan y Luigi Amara en su ensayo Del plagio como una de las Bellas Artes, “se refiere en general a la cultura como un espacio de tráfico permanente de influencias, préstamos, plagios sutiles y otros descarados”[4].

Entre las decenas de ejemplos que utiliza el autor para ilustrar su argumento, refiere Felipe Restrepo Pombo en un artículo para la revista Gatopardo titulado Nada (ni nadie) es original[5], “tal vez, el más convincente es el de Bob Dylan. Lethem sostiene que el músico ha hecho su carrera a partir de la mimesis: su música es una reunión de referencias a la literatura, el cine o incluso a otra música. Luego cita a Nabokov, a Shakespeare y T.S.Eliot, y a otros artistas que han tomado el mismo camino: beber de diferentes fuentes para enriquecer su proceso creativo. Sin darles crédito a terceros”.

En 2008, el músico zaragozano Enrique Bunbury fue acusado de plagiar al poeta madrileño Pedro Casariego, quien murió a los 39 años al arrojarse al paso del tren en la estación de Aravaca, sin gran reconocimiento de la crítica literaria.

En La vida puede ser una lata, Casariego escribió el verso “Soy el hombre delgado que no flaqueará jamás”, título de uno de los singles del disco Helville de Luxe del ex Héroe del Silencio. De igual forma, en el poema Te quiero, porque tu corazón es barato. El madrileño escribió “Lucharé contra todos los que digan lo mismo que yo”, frase que forma parte del estribillo de la misma canción.

Bunbury, en un comunicado, afirmó que había tomado ambas frases, práctica que, aseveró, es realizada por otros artistas, de diferentes formas.

“No voy a negar que haya utilizado dos frases de Casariego (grandísimo poeta, por cierto) extraídas de dos poemarios. Igual que utilizo mi libreta para apuntar comentarios realizados a altas horas de la noche, frases de Humphrey Bogart en películas de cine negro, extractos de la sección de sucesos, titulares simpáticos de periódicos económicos, conversaciones privadas o panfletos publicitarios”[6].

“A lo largo de la historia de la música popular, grandes y desconocidos escritores de canciones han realizado prácticas similares recogiendo frases de canciones tradicionales y realizando nuevas y muy diferentes creaciones. El folk, el blues, el country esta impregnado de esa costumbre y nos han dado placer para nuestros oídos a lo largo de los últimos cien años. Posteriormente, artistas como (y me parece mal citarlos, pero hay libros enteros dedicados a señalar de dónde vienen sus mejores canciones) Dylan, Cohen, Lennon, Van Morrison, han utilizado libros sagrados como la Biblia, la Kábala, el I Ching, el Tao Te king, o a poetas incuestionables como T.S. Elliot, Dylan Thomas, Edgar Allan Poe, Shakespeare…, o la prensa diaria para contarnos sus inquietudes y crear sus canciones”.

Con Héroes del Silencio, el zaragozano utilizó la cita “es el opio la flor de la pereza”, perteneciente al poema El opio en el este, de Pablo Neruda; “las cosas más triviales se vuelven fundamentales”, de Todavía, de Mario Benedetti, entre otras.  

Para estos autores, el uso de “párrafos prestados” y el “inspirarse de las obras ajenas”, es una característica de la producción artística; no obstante, coinciden en que la atribución total de un texto debe ser castigada. 

Otro de los casos más sonados en el último año fue el de Sealtiel Alatriste, ganador del Premio Xavier Villaurrutia 2012 por el ensayo Geografía de la ilusión y la novela Ensayo sobre ilusión.

Según los escritores Guillermo Sheridan y Gabriel Zaid, Sealtiel se había apropiado de pasajes provenientes de otros literatos y páginas de internet[7].

En “Un beso en una Alcarria soñada”, de la Revista de la UNAM -expone Sheridan-, Alatriste usa textos de Palabra de Nobel: Camilo José Cela, del escritor español Javier Villán; y en “Morir mil veces”, también de la Revista de la UNAM, usa la entrada “Fiódor Dostoievski”, de Wikipedia; por mencionar dos de los ocho ejemplos que el columnista de El Universal usó para demostrar la apropiación de Sealtiel.

Alatriste renunció al premio después de la polémica.

En 1995, el fallecido Carlos Fuentes también fue acusado de plagio. De acuerdo con el escritor Víctor Celorio, en Diana o la cazadora solitaria, que Fuentes escribió en 1994, pueden encontrarse 110 coincidencias textuales y similitud de personajes con los de su El unicornio azul, de 1985, difundida en una tirada reducida financiada por el mismo.

En enero de 2009, el Nobel de Literatura José Saramago fue acusado de plagio por parte del escritor y periodista mexicano Teófilo Huerta Moreno, quién aseguró que Sealtiel Alatriste, entonces director de Alfaguara México, entregó a Saramago el cuento ¡Últimas noticias!, que inspiró al libro Las intermitencias de la muerte. El escritor portugués negó las acusaciones, afirmó que “si dos autores tratan el tema de la ausencia de la muerte resulta inevitable que las situaciones se repitan en el relato y que las fórmulas en que las mismas se expresen tengan alguna semejanza”. En tanto, Alatriste dijo que el asunto “no es más que un infundio”[8].

En España, Ana Rosa Quintana fue acusada de copiar páginas de tres libros (Mujeres de ojos grandes, de Ángeles Mastretta; El pájaro canta hasta morir, de Colleen MacCullough y Álbum de familia, de Danielle Steele), en su novela Sabor a hiel.

Poco tiempo después, la obra, publicada por editorial Planeta, salió de circulación y Quintana reconoció su error, aunque se dijo víctima de engaño de uno de sus cercanos colaboradores, quien, según ella, fue quien incrustó las citas al momento en que corrigió el ejemplar[9].

 

TODO HA SIDO DICHO ANTES

 

A principios de 1800, el poeta, novelistadramaturgo y científico alemán Johann W. Goethe opinó que “la originalidad no consiste en decir cosas nuevas, sino en decirlas como si nunca hubiesen sido dichas por otro”. En ese mismo tenor, una frase atribuida al dramaturgo Terencio, de origen beréber (personas pertenecientes a un conjunto de etnias autóctonas del norte de África), quien nació como esclavo romano, dice que “ya no se puede decir nada que no haya sido dicho antes de nosotros”.

Si en efecto esta cita fuera de Terencio, habría sido pronunciada antes del año 159 a. C., fecha de su muerte.

En contraparte, el ensayista y psiquiatra suizo Carl G. Jung, quien fuera colaborador de Sigmund Freud, fue más allá, al decir que “todos nacemos originales y morimos copias”.

En sus estudios, atribuyó la conjunción del pensamiento a la alquimia, los sueños, el arte, la mitología, la religión y la filosofía, la cual resultó ser similar dentro de cada estructura social[10].

 


[1] De Pina Vara, Rafael. Diccionario de derecho. 33 edición, Porrúa 2004. Pág 407

[2] Villoro, Juan. Reforma. (2012, 19 de octubre) Sección: Opinión, La ética de un oficio

[3] Lethem, Jonathan. Contra la originalidad, Editorial Tumbona. Primera traducción al Español, 2008 

[4] El Universal, Febrero 2012, Secciones: cultura. http://www.eluniversal.com.mx/notas/832106.html

[5] Restrepo Pombo, Felipe, Gatopardo, Febrero 2012

[7] Redacción, El Universal (2012, 14 de febrero) Sección: Cultura http://www.eluniversal.com.mx/notas/830169.html

[8] Ibídem

[9] Rodríguez, Emma, El mundo.es (2000, 23 de octubre) http://www.elmundo.es/elmundolibro/2000/10/23/anticuario/972296107.html

[10] Jung, Carl G. (1910). The Association Method. American Journal of Psychology.

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